¿Cómo conseguir la verdadera web abierta?

La web abierta es algo que preocupa a mucha gente desde hace bastante tiempo. Los gobiernos y grandes corporaciones monopolizan el control sobre la WWW, sobre sus contenidos, sobre sus tecnologías, sobre servicios vitales para su funcionamiento… Hay alertas que nos dicen que vamos camino a una distopía, o que incluso ya estamos en ella. ¿Cómo podemos evitarlo? ¿Cómo podemos conseguir la verdader web abierta?

No me voy a meter en grandes definiciones, ya hay otros que definen lo que és la web abierta de un modo más o menos acertado, pero para marcar un poco la línea decir que la web abierta es que la gente tenga el poder sobre la web, que tengan el control sobre sus propios contenidos para dejar acceder a todo el que ellos quieran.

Hay muchos elementos a tener en cuenta, de cara a la web abierta. Están las tecnologías a emplear, está la posibilidad de buscar la información (las búsquedas), está el acceso al contenido en sí… y son muchos los factores a tener en cuenta en cada uno de estos puntos.

Por ejemplo, el W3C (World Wide Web Consortium) tiene un pequeño wiki sobre “open web platform” en el que especifica algunas tecnologías que son completamente libres, y que sirven de base para tener una web abierta. Son las mínimas, pero no todo el mundo puede saber de todas ellas para controlar su propio contenido.

Puede que parezca un nuevo miedo, el hecho de que preocupe que la gente deje de tener el control. Sin embargo, dándole la vuelta (pasando del miedo de que quiten el control a la gente, al deseo de que lo tenga), ya en los comienzos de la Web su inventor, Tim Berners Lee, insistió mucho (sin éxito) a los desarrolladores de navegadores web de la época con que los navegadores también debían ser herramientas para que los usuarios pudiesen editar documentos, editar la web. Fue ignorado como el típico loco pesado que no sabe lo que dice, porque “¿por qué iban los usuarios querer crear sus propias páginas web? ¿Por qué iban a querer crear contenidos?“.

Respecto a este tema, la semana pasada tuve la suerte de poder (volver a) asistir al Ignite Madrid, y entre otras charlas muy interesantes pude escuchar la de Luis Roig (alias Darum) en la que advertía que “nos han robado Internet”. No haré muchos spoilers pues en breves saldrá la versión en vídeo (gallifante para el primero que lo enlace en los comentarios cuando salga), pero os diré que en 5 minutos hizo un breve e impactante repaso a la historia de la Web, defendió la web abierta y planteó el futuro que viene.

Puede que os preguntéis cuál es ese porqué que debería de haceros mover incómodos en vuestra silla. A fin de cuentas ya podéis publicar lo que queráis en miles de sitios: Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, … y siempre, a las malas, podréis decir lo que queráis en todos esos grupos de WhatsApp.

Voy a delegar en mi exsocio y amigo, Juan, que es un fiel defensor de la web abierta y que ya explicó en la WordCamp Madrid de 2017 “¿por qué defender la web abierta?”.




Justo esta semana, me ha llegado uno de los motivos de preocupación: hace años me autoedité un libro (#yuzzsfo Descubriendo Silicon Valley) y lo publiqué en Bubok para que el que quisiera pudiese descargárselo o tener una edición impresa (que me alegro de que nadie comprase, realmente). Esta semana me dieron el aviso de que para descargar el libro ahora hay que “pagar” dando una dirección de email a cambio. Acto seguido lo descargué, lo subí a un repositorio de archivos “propio” (Google Drive), y cree un enlace de bit.ly (por medir y saber cuantas descargas tengo que sumar a las 768 que tiene en Bubok).

Así que “ya está”, tomé el control de mis contenidos y puse mi granito de arena para la web abierta… ¿seguro?

Hay mucha gente que me dirá que esto no es ningún ejemplo de web abierta. He puesto mi archivo en manos de un gigante al que le importo cero (Google), y he direccionado el tráfico a él a través de un tercero que podría cambiar el destino de la navegación de los usuarios-consumidores sin yo enterarme.

Entonces, ¿cómo es la verdadera web abierta?

El tener tu propia página puede ser web abierta. Pero por ejemplo, esta página que leéis está alojada y mantenida por el mencionado Juan por lo que yo no tengo un control total, ya que yo no tengo acceso a su proveedor de hosting. Él tampoco tiene un control total, puesto que su proveedor de hosting puede cortarle el acceso en cualquier momento.

Podría montarme una granja de servidores en casa como tiene mi amigo Inda, pero ¿bastaría con esto? Mi proveedor de Internet podría cortarme la línea, o el ayuntamiento decidir que ya no quiere que pasen cables de fibra por sus calles. Podría alguien manipular los servidores de DNS (que es el eslabón más débil de toda la arquitectura de la web, aunque eso es otra historia que deberá ser contada en otro momento) y evitar que se pudiese acceder a mi contenido más que por IP. O aún teniendo yo todo el control de mis cosas, podría ser que por el lado de los usuarios-consumidores les aplicasen restricciones similares que les impidiese llegar a mis contenidos ¿y entonces de qué serviría que yo tuviese el control sobre ellos?

La verdadera web abierta es una utopía (EMHO) que, a día de hoy, como tal es imposible alcanzar. Igual que en el trabajo en el que delegamos responsabilidades en compañeros o en la vida en la que delegamos decisiones en gobiernos, estamos obligados a delegar parte del control sobre la Web.

Debemos elegir con sabiduría que publicamos en Facebook y que en nuestra propia web. Debemos elegir si el servicio X me provee extras suficientes y me da una confianza tal como para que tenga sentido ponerme en sus manos.

Ahora bien, como con los compañeros o los gobiernos, en todo momento deberemos estar atentos a cualquier alerta para tomar medidas si hay un cambio que modifique nuestra confianza.

Vivimos en una distopía digna de Black Mirror

Puede parecer una historia de ciencia ficción digna de ser retratada en la angustiosa serie distópica Black Mirror. Sin embargo, es la realidad en la que sin darnos cuenta vivimos.

Estamos siendo vigilados por un Gran Hermano que nos vigila y manipula. Veamos quien es, conozcamos los hechos. Sólo el conocimiento nos hará libres, amigos. Preparémonos para lo que viene.

Llevamos unas semanas con muchas noticias sobre el caso de Cambridge Analytica, sobre como habrían influido en las elecciones de USA para que ahora tengan a Trump como lider supremo. ¿Qué ha pasado? ¿Quién es el responsable? ¿Cómo podemos evitar que “nos la metan” a nosotros?

Resumiendo mucho, está que esta empresa británica pilló los datos de 50 millones de estadounidenses. No necesitó que todos usaran sus aplicaciones, con unos cientos de miles fue suficiente ya que eso les bastó para acceder a la información de sus amigos.

A esa gente les aplicó el modelo de los cinco grandes, que sirve para determinar la personalidad de la gente. Es un modelo similar al que usan en el test 16personalities que se hizo bastante viral por la impresión de exactitud que les daba a quienes lo hacían (probad a ver que os parece).

Teniendo catalogada a la gente, teniendo toda la información que Facebook guarda de cada uno de nosotros: sus intereses y otros datos como dónde vivian o sus profesiones; esta compañía pudo hacer publicidad segmentada a esos 50 millones de americanos para facilitar que Trump ganara las elecciones. Da miedo ¿verdad?

Apareció un movimiento para borrar las cuentas de Facebook, promovido entre otros por Elon Musk o uno de los fundadores de WhatsApp (compañía que actualmente es propiedad del gigante de las redes sociales). Pero, ¿eso es suficiente?

La respuesta es un claro “no”. Los dedos de Facebook son muy largos (WhatsApp, Instagram, Oculus, Messenger, …). Además están integrados con la mayoría de las webs y aplicaciones que usamos. La única manera de aislarnos completamente es bloquear todos sus dominios. ¿Con esto ya estaríamos cubiertos?

La respuesta vuelve a ser un “no”. Facebook no es la unica empresa que trabaja con datos y publicidad, hay muchos dispuestos a comerciar con lo que saben de ti para hacerte llegar el mensaje adecuado para que compres un producto (o una idea).

¿Recordáis como os sentisteis cuando pensabais que Facebook os escuchaba? Pues pensad que ahora cualquiera puede conocer vuestros patrones de sueño, averiguar tu número de teléfono, o manipularte para que acabes votando a Trump.

Si esperáis que os de una solución infalible, lo siento pero no la tengo. Se pueden tomar medidas como usar distintos mails para cada red y aplicación que usemos, revisar la privacidad de nuestras redes frecuentemente y borrar la información de perfilado que han ido almacenando sobre nosotros, pero a día de hoy, plantearse no usar móviles o Internet es muy complicado (yo no podría).

La única manera de escapar de esta distopía es tomar medidas cuando detectas alguna empresa que abuse denunciando sin piedad, y valorar menos las cosas gratuitas y más las de pago en las que nosotros seamos el cliente y no el producto.

 

PD: Si queréis más información sobre el caso de Cambridge Analytica o sobre como se comercia con nuestros datos, os recomiendo que leais la bonilista del pasado domingo.