Mazinger Z, el robot de las estrellas

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Los live-action pueden parecer algo muy moderno, pero antes de que los ordenadores permitieran crear una versión realista de un extraterrestre como Stitch ya había quien intentaba explotar las franquicias, incluso sin tener sus derechos.

Hoy hablamos de «Mazinger Z, el robot de las estrellas» (spoiler: ni es un robot, ni de las estrellas, ¡ni siquiera es Mazinger!).

«Mazinger Z, el robot de las estrellas» es una película de lo más surrealista, pero no sólo por lo malísima que es, sino también por cómo se hizo y cómo se vendió.

Primero, lo primero. Esta peli la tenéis en «abierto» en Archive.org, ese sitio que se encarga de conservar la historia de Internet, así que la podéis ver sin necesidad de poneros el parche pirata, que es lo que suele pasar con estas «joyas» descatalogadas.

Cuando ves esta película, lo primero que salta a la vista es que Mazinger parece un poco raro. Además, en lugar de «¡Puños fuera!» el conductor grita «¡Puño de hierro!», además muchas escenas parecen inconexas y hay cosas tremendamente distintas al anime original de la franquicia de Mazinger Z creado por Gō Nagai.

Ya se sabe que si pesa como un pato quiere decir que es de madera y por tanto una bruja. La misma lógica se puede aplicar aquí y si no se parece a Mazinger, ni habla como Koji Kabuto, ni hay más de Mazinger que el nombre… ¡Puede que no sea Mazinger!

Poco hay que indagar para descubrir que esta película se llamó en «todos lados» The Iron Superman. Una película creada remezclando las imágenes de la serie Super Robot Mach Baron y grabando nuevos primeros planos de los protagonistas.

Al traerla a Europa, los productores decidieron aprovechar el tirón de la serie de animación y le cambiaron el nombre, la música y se inventaron nombres para los actores y el personal. De locos.

En España, tuvo muchísimo éxito e incluso se creó una línea de comics basada en la película.

No es una peli que se vaya a disfrutar mucho, pero se puede poner de fondo mientras tomas unas galimbas con los colegas para disfrutar de los ataques de los futbolistas karatecas, las risas pueden ser buenas.

El resumen, la peli ni tiene un robot (es un señor disfrazado, obvio), ni viene de las estrellas (el señor) y ni siquiera el disfraz es de Mazinger. Ahora, depende de con qué espíritu la afrontes puede que pases un buen rato (o que sea el peor de tu vida).

Los fisgones

Los fisgones es la «traducción» que se hizo del título de una película «hacker» de los 90: Sneakers.

Es una película… como diría el Papuchi «mala, mala, mala». No tiene ni por donde cogerse.

Empieza con dos «amigos» que se engañan y abandonan el uno al otro mientras se dedican a vaciar las cuentas millonarias de algunas entidades y personas de la política estadounidense, como si eso hubiera sido en algún momento tan trivial como cambiar unos numeritos en un terminal.

Luego da un salto al futuro y tenemos al traidor dirigiendo un grupo de inadaptados para hacer pentesting a corporaciones. El miembro más destacable es un ciego que puede detectar los pequeñísimos cambios en la modulación de frecuencia sólo con el oído. Le llaman «Sonar» pero bien le podrían llamar Batman ya que es como si viera sin usar los ojos. Tremendo.

Sin profundizar para no hacer spoilers se involucran en el robo de un dispositivo que es capaz de crackear cualquier sistema. El tema es que en lugar de robar el diseño, el algoritmo que sigue ese aparato para romper mágicamente las claves tienen que robar el aparato, porque de eso sólo puede haber uno. Además el modo en el que rompe las encriptaciones es brutal: tienes la pantalla con caracteres random y al conectar el aparato se van cambiando esos caracteres por los buenos o espacios en blanco poco a poco, en un modo visual digno de los hackers a cuatro manos.

En resumen, puedes pasar un rato viéndola sin pensar, o juntarte con unos amigos del gremio del metal para echar unas risas, pero la peli no tiene otra calificación que: mala, mala, mala.

Common side effects

Publicada en España como «Efectos secundarios», esta serie de animación de Adult Swim es una tremenda crítica al capitalismo comprimida en 10 episodios de 22/23 minutos.

La trama es muy simple: está Marshall que es un antisistema de la leche. Está forrado porque descubrió un sistema para ganar la lotería. Este, en lugar de crearse una aerolínea espacial o a llamar taxis con mucha energía, se dedica a ir por ahí investigando la naturaleza (sí, ahora hace falta estar forrado para poder investigar).

Estando en Perú descubre un hongo que es la leche, puede curar cualquier cosa, ¡es algo que cambiará el mundo! Sin embargo, antes de que pueda compartir su hallazgo el sistema se pone en marcha para evitar que su cura salve vidas y cambie el status quo establecido.

La serie da comienzo cuando Marshall se topa con Frances, una antigua compi de instituto que ahora trabaja para Rick, el cretino CEO de una farmacéutica.

A estos personajes se les irán sumando otros familiares, elementos subversivos y diversos engranajes del propio sistema que pretende continuar su inercia sin que este hongo mágico cambie nada.

Dudo que haya una segunda temporada, pero ver esta primera temporada ha sido una experiencia gratificante que recomiendo a quien quiera pasar un buen rato sin pensar, o quemarse las neuronas con teorías conspiranoicas.