Transformación

Fui al monte sin compañía y ese día fallé, caí y morí. Ahora me devoran carroñeros e insectos, pronto llegarán a ese micropunto que contiene el alma.

Me comió un gusano, a quien se lo comió un cuervo, me defecó en un campo y broté como una margarita que se comió una vaca vieja.

Unos humanos están dando buena cuenta de un chuletón, no sé si llegarán a comerme o acabaré en la basura… si me comen, espero tener la oportunidad de volver al monte y no fallar, caer y morir, o de no ir sin compañía. ¿Quién sabe?

Manoluco

Hace ya años que quité las vacas y aun así me sigo despertando al albor, lo que es la fuerza de la costumbre, ¿no sabes?

Aunque este sea el medio de Cantabria, no te creas que por eso hay mucho que hacer. Sí, el mismo medio. Los ingenieros que saben y vienen cada tanto a medir dicen que el centro exacto es allá, a la entrada del prao de la Curra, menuda era ¿no sabes?

Una vez llegó a un acuerdo con uno de aquí pa’ comprarle el prao, ¡hasta un beso se dieron! Pero a luego el otro se echó pa’tras. ¡Menudas pestes y maldiciones que le echaba!, ¿no sabes?

Ahora ya no quedan ninguno de los dos. Aquí cuando un hijo o una sobrina te lleva ya no vuelves más que en la caja pa’ meterte al nicho, ¿no sabes? Así que los míos mejor que ni vengan, que parece que vienen de revisión. Que queden allá con sus cosas y no vengan a cernerme las mías, que me apaño muy bien solo.

Por la mañana ya me ves. Aquí me entretengo picando leña, tejiendo un cuévano, haciendo unas albarcas… y si vienen de la ciudad como tú, pues me echo una parlá’. No te estaré entreteniendo, ¿no? Vale. Alguno vino y se quedó, que como trabajan con los drenadores y eso, paice que les vale cualquier sitio. Y si no viene nadie me echo la parlá’ yo con la Sole, que ahora está ahí escondiduca, le falta costumbre de ver gente, ¿no sabes?

La tarde es más apañaduca si no pega el nordeste, que siempre trae agua, ¿no sabes? Me acerco acullá a las escuelas, que como ya no sirven las pusieron de bar, ¿no sabes? A veces hacemos equipo pa’ echar una Flor, y casi siempre uno u otro hay. Marcialín suele subir en la amoto esa que tiene que cualquier día se lo llevan porque subir, sube bien, pero ¡hay que ver como baja!, ¿no sabes? Si nos juntamos raro es que no nos echemos unos orujos y como le gusta el cante, ¡y lo hace bien!, ¡eh!, yo le pico con la Tonada Más Bonita y luego él ya se lanza por todas una tras otra. Eso sí, siempre le hago el cambio de “Molledo” por “Anievas”. De Calga no puedo decir que él es de Cotillo, allá donde el Consultorio, ¿no sabes?

Antes había más ambiente. De chaval, después de la guerra, siempre te encontrabas con gente. Me mandaba mi madre a recaos y me reñía por tardar, pero es que en cada casa te preguntaban en qué andabas. Y bueno, que había nieve, no como ahora, ¿no sabes?

Vale, no te preocupes, aquí me quedo con la Soledad que ahora en cuanto marches saldrá. Aprovecha, que va a quedar buen día.

The Black Cicada and the Red Ant

A little ant was wandering through the field, very focused on finding food for her colony, when suddenly she collided with a cicada who was having lunch.

  • Horror! Danger! I must quickly alert the soldiers. – the ant exclaimed as she couldn’t move, petrified with fear.
  • Calm down, Mrs. Ant, I think you’re having a small panic attack. Focus on your breathing: inhale, exhale, inhale, exhale… Very good, do you see how the fright is passing? Would you like to have lunch with me? The sap from this plant is very sweet.
  • Lun… lunch? I can’t have lunch; I have to work for the colony. We are not allowed to eat until the queen and her princesses and princes are well-fed.
  • Well, look at it this way. With the scare you just had, most of the carmine has disappeared from your exoskeleton. To continue your work, you need to recover first, and a bit of sweetness would do you a lot of good.
  • When you put it that way… Maybe I should have a little lunch.
  • Of course! Here you go, take advantage of the hole I’ve already made. This sap is delicious, isn’t it?
  • Mmm, mmm – the ant replied, nodding while still feeding on the plant.
  • I’m sure you’ll be back in perfect condition to continue your task for the colony in no time… Speaking of the colony, what was that about the soldiers?

The ant, who seemed satiated by now, moved away from the plant and answered.

  • We have orders that if we see any intruders in the colony’s territory, we should alert the soldiers to take care of it.
  • That doesn’t sound good at all, having military personnel deal with a harmless cicada who hasn’t bothered anyone! Besides, who says this is your colony’s territory? I thought the land belonged to everyone, and we should all take care of it and enjoy it. Why should it be yours?
  • Well, I don’t know, it’s what the Queen told us.
  • And do you always obey this queen in everything?
  • Of course, it’s our duty. As members of the colony, following orders helps ensure that we are all safe and happy.
  • I see, happy, but first she and her children have to eat… Do you have children?
  • Nooo, we’re not allowed to.
  • Of course not! So, the whole colony works tirelessly for this so-called queen and her offspring! Did you at least choose her because she’s the wisest or something like that?
  • Honestly, I couldn’t say, she was already there when I was born.
  • And judging by what I’ve seen, she’ll still be there when you die.
  • Well, some of the workers do die from time to time, if there’s a shortage of food or an attack on the colony, or if a leg is broken… But we usually live for several months, I still have some time left.
  • And the queen? How long does the queen live? Does she also put herself at risk during attacks or go hungry when there’s a shortage?
  • Well…
  • Well, nothing! They’ve sold you the story that it’s all for the greater good, but in the end, it’s all for the lady in charge.
  • But by living in a colony, we gather all the food from our territory, so we have reserves for everyone to eat.
  • Once her majesty has eaten, right?
  • Yes, well…
  • And this talk of your territory is getting on my nerves! When I was born from the earth, I had to fight for my own life to emerge and do everything I could to find sustenance. Since then, I’ve done what I pleased without bothering anyone, and now it turns out that if I take some of this sap, you and I become enemies because in your queen’s imagination, this land is hers, and her soldiers will attack and kill me if they can. They might even take me as lunch for the lady on the throne and her offspring! But you, little ant, born as a worker, have to think first about satisfying and caring for your queen, and maybe, if you have some spare time, you can think about yourself… That’s not a colony; it’s a tyranny. From birth, they instill in you that you are not equal and do not have the same rights. If there’s no equality among you, how can a poor cicada wandering around looking for sustenance expect fair and equal treatment? It seems you’ve recovered; you have a better color at least. I’m leaving before your soldiers find me.

And she flew away without looking back, leaving the pensive ant behind. Perhaps if she had turned her head, she would have noticed that the red ant had developed some black spots.

Semillas literarias

Hoy, el abuelo me dejó ir con él al banco de semillas y había semillas de todo tipo: de trigo, de cebada, centeno, maíz, de alcornoques y de hayas, de tréboles y de cualquier planta que puedas imaginar. Todas bien ordenadas en su sección, por un lado los cereales, por otro las semillas de hierbas, las de árboles… ¡y las literarias! Había semillas de cuentos de vaqueros, cuentos de magos y princesas, cuentos para mayores basados en historias reales, biografías, ensayos… nunca entendí porque publicaban los ensayos cuando ya estaban publicadas las obras de teatro. El abuelo se llevó semillas de uva, de trigo y de cebada, porque le gusta hacer su buen vino y su propia cerveza. Yo me llevé una de piratas, me encantan sus historias y el mar, que solo vamos a veces en verano. Cuando crezca os la leeré.

Semillas de vida

Hace muchos, muchos años, cuando la tierra era toda ella un terreno yermo, sin atmósfera, sin vida… llegaron unos extraterrestres y plantaron unas semillas de vida. No sólo lo hicieron aquí ya que estaban experimentando y también sembraron en Marte y en otros planetas de la galaxia. Su propósito era saber como de importante era la variedad para los ecosistemas. En Marte solo pusieron un tipo de semillas, pero en la Tierra desplegaron montones de variedades distintas: unas para el mar, otras para las tierras altas, otras para los humedales, otras para las riberas de los ríos… En el experimento del sistema solar les quedó claro que para que la vida progresase tenía que haber variedad y especialización, porque no es lo mismo un haya, que un roble, que una encina, aunque todos vengan y nos den bellotas. Ahora es tiempo de que lo aprendamos los humanos.

Mastodon

Parecía buena persona, siempre saludaba en la escalera y ayudaba a subir las bolsas a los más mayores. Eso es lo que decían todos de Tomás: era todo un señor.

Lo que no sabían era que Tomás tenía un lado oscuro, algo que a todos les habría hecho estremecerse y apartar la mirada al cruzárselo. Es lo que suele hacer la gente con las cosas que no entiende.

Tomás llevaba una doble vida, por la mañana era un tipo formal, muy correcto, pero al llegar a casa…

Al llegar a casa se despelotaba y calentaba algo rápidamente en el microondas pues no tenía tiempo que perder.

En su otra vida Tomás era Mastodon un tanque, ¡un TOP! Su equipo le necesitaba para defenderlos de los más duros ataques. A veces, al entrar en batalla no podía reprimir los gritos de furia que como a los antiguos guerreros le ayudaba a combatir el miedo de la cercana muerte.

¿Quién podría imaginar que Tomás, ese buen chico, casi un tirillas, tímido y amable, siempre educado que nunca se metía en problemas, en otro mundo era uno de los guerreros más grandes y temibles capaz de soportar el ataque más salvaje? ¿Quién podría imaginar que él era el famoso Mastodon que había aguantado ataques de los más grandes Bosses?

Él lo sabía y con eso le bastaba, pues Tomás no necesitaba reconocimientos y para él su equipo, su clan, era su familia… o la de Mastodon, no había diferencia.

Con frecuencia, de camino al trabajo se imaginaba cómo sería caminar por las calles como Mastodon con sus compañeros a su lado, enfrentándose juntos a los peligros del mundo. Se enfrentarían a los temibles y poderosos corruptos e irían de raids por los barrios más peligrosos de la ciudad.

Un día, mientras caminaba viéndose como Mastodon vio un gatito en mitad de la carretera, justo en el carril bus mientras esté se acercaba. Sin pensarlo echó a correr y rápidamente cogió al gatito. Podría haber saltado e intentar esquivar el bus, pero el era Mastodon ¡el mejor tanque! Su instinto le pudo y paró en seco protegiendo con su cuerpo al gatito mientras soltaba un poderoso grito de furia de esos que espantan a la muerte…

Unos días después la noticia había corrido por todos los servers, todos los que alguna vez habían luchado a su lado se juntaron en un canal de Discord para ver juntos sus mejores jugadas y compartir anécdotas en su honor.

Alguien había hackeado su usuario y le puso AFK. Más de uno tuvo que cortar el micro para que no se escuchasen sus lagrimas.

Todo su clan decidió que cada uno adoptaría un gatito y todos le llamarían Mastodon, para tenerle siempre cerca y vigilante cuando combatieran.

Don Tomás, todo un señor. Mastodon, todo un guerrero. Ambos combatieron, cada uno en su mundo, compartiendo sueños y cerebro.

Las hermanas del bosque

Hace muchos muchos años, antes de que mis abuelos nacieran, incluso antes de que sus abuelos o los abuelos de sus abuelos… uy, cuánto lío.

Volvamos a empezar:

Hace muchos años, antes de que naciera ningún rey, y antes de que nadie dijera “esto es mío”, en los verdes montes del norte cuidaban de los bosques las anjanas.

Las anjanas vigilaban que nadie se aprovechara de los bosques más de lo que necesitase.

Con ayuda de sus poderes premiaban a los que hacían las cosas bien y castigaban a los que las hacían mal. 

Solían vivir cerca de los ríos y casi siempre vigilaban sin que te dieras cuenta. Podían tomar cualquier forma: a veces se hacían pasar por señorucas muy mayores y otras por jovencitas lavanderas, otras por árbol, por loba, por pajarillo o por ardilla. ¡Nunca sabías si una anjana te estaba vigilando! 

Lo mejor era (y es) portarse bien en todo momento y tratar a la gente y a los habitantes del bosque con todo el cuidado del mundo. Cómo te gustaría que te tratasen a ti.

En uno de estos bosques, el que se encontraba más cerca de la capital del mundo… porque toda la gente sabe que la capital del mundo está entre los verdes montes del norte…  aunque eso es otra historia para ser contada en otro momento.

En uno de estos bosques, entre unas rocas salía agua como si fuera magia. 

Ese agua o esa magia formaban un río al que las personas le han dado muchos nombres y ahora mismo lo llaman Asón

En ese bosque, cerca de esas rocas y de ese agua que formaba un río bajando tranquilamente por la pared de la montaña, había una cueva en la que vivían dos anjanas hermanas.

Quien no las conociera diría que eran idénticas salvo porque una tenía el pelo dorado y la otra plateado. 

La gente de la zona las llamaban la hermana rubia y la hermana blanca y, como sí las conocían, sabían que los castigos más ingeniosos y divertidos se le ocurrían a la hermana blanca.

La rubia era un poco más seria y sus castigos y premios no eran tan imaginativos pero tampoco tan pesados.

Por eso, cuando alguien les hacía la puñeta siempre respondían con un “¡que te castigue la hermana blanca!”, mientras que si eran ellos los que habían hecho alguna cosa reguleramente pedían perdón a la hermana rubia.

Por ejemplo, a un mozo que no se había comportado muy bien en la última feria de la capital del mundo, cuando llegó la siguiente y se fue a poner el traje de las ferias se encontró con que tenía las mangas de la chaqueta cosidas a los laterales, así que tenía que elegir entre pasar frío o no mover los brazos.

Sin embargo, a un pastorcillo que nunca se levantaba a su hora para ir a atender a los animales, la hermana rubia le despertaba dándole un grito sin más, pero seguía quedándose dormido casi todos los días, hasta que un día la hermana blanca se lo llevó dormido como estaba y sin más lo tiró al río que estaba helado. Del susto que se llevó, empezó a levantarse con el primer susurro que escuchaba, no fuera a venir la hermana blanca para tirarlo de nuevo al río.

Ahora bien, la hermana blanca, tan creativa como era, a veces dejaba volar su imaginación y hacía algunas trastadas que a los que las sufrían les parecían muy pesadas y ella se reía mucho cuando veía como se enfurruñaban. 

Lo mismo le daba por despertar a los gallos por la noche para que empezasen a cantar, como ataba a las vacas por el rabo y luego era un lío tratar de soltarlas. 

A veces tapaba las chimeneas para que se llenase todo de humo, o cambiaba los caminos para que fuesen en dirección contraria y te perdieras un rato antes de volver de nuevo al principio.

Así que la gente, aunque le pedían ayuda para que les defendiera, también se enfadaba cuando les tocaba sufrirla.

Su hermana la regañaba, le decía que no podía gastar bromas tan pesadas, que una cosa era castigar a la gente, pero otra hacer que se acordasen de ella para siempre. 

Sin embargo la hermana blanca siempre le contestaba que era mejor una buena broma pesada y que aprendieran la lección de golpe y porrazo, que tener que estar repitiéndoles las cosas sin que hicieran caso.

Una noche, para que probase de su propia medicina, la hermana rubia decidió gastarle a su hermana una broma digna de ella. 

La cogió mientras dormía y se la llevó a las piedras donde nacía el río y allí dijo un conjuro que la convertiría en piedra tapando un poco el agujero por el que salía el agua, haciendo que saliese más fuerte y así su hermana notase la molestia.

Igual que cuando tapas con la mano un grifo y un chorro te da fuerte en la cara.

El conjuro convirtió toda su carne y sus huesos en piedra, pero no el pelo que añadido a la fuerza del agua, salió disparado por la ladera de la montaña y formó una cascada plateada por cuyos cabellos goteaba el agua.

Cuando se corrió la voz, algunos inocentes intentaron conseguir la plata de su cabello, pero en cuanto lo tocaban con las manos se convertía en agua, así que enseguida los vecinos la comenzaron a llamar Cailagua, porque agua era lo único que caía, y cuando veían un visitante encaminarse allí le seguían de cerca para reirse viendo como intentaba conseguir la plata del cabello de la hermana blanca.

Tras unos meses, que en tiempo de anjana no es tanto ya que ellas viven muchísimas vidas de humanos, la hermana rubia se dispuso a sacar a su hermana de aquel tormento de no poder moverse mientras el agua chocaba contra ella. 

Sin embargo, se asustó al estar junto a su hermana convertida en piedra. No conseguía recordar el conjuro de desencantamiento ¡qué horror! 

Probó con todos los conjuntos, palabras mágicas, refranes, rimas… todo lo que se le venía a la mente lo probaba, pero su hermana seguía siendo de piedra.

Muy apenada se fue a su cueva sin poder parar de llorar y sin saber qué hacer. 

Todas las personas del valle oían sus lamentos desconsolados y aunque normalmente nadie se atrevía a acercarse a la cueva de las anjanas por miedo a enfadarlas, una señoruca de esas tan ancianas a las que todo les puede dar igual porque ya han vivido tanto que no le tienen miedo a nada se acercó a ver qué ocurría.

Tras un buen rato de intentar descifrar las palabras ahogadas por el llanto de la anjana, la señoruca consiguió por fin entender lo que había ocurrido.

  • Ay hija, buena la has preparado, no me extraña que llores tanto. Lo que pasa es que la pena te debe de estar atontando así que suenate y párate a pensar, porque estoy segura de que si yo sé dónde puedes encontrar la solución, tú que has vivido muchas más vidas que yo también tienes que conocer la respuesta.

La anjana tomó el pañueluco que la anciana le acercaba y la intriga hizo que su llanto se parara casi en seco. Miraba a la señoruca con una cara interrogativa que descubría una duda enorme… ¿a qué demonios se estaba refiriendo esa paisana?

  • No me mires con esa cara, hija. Brenavinto, en Brenavinto tiene que estar por fuerza la respuesta.

¡Claro! ¡Eso era! Rapidamente se puso en pie llena de esperanza y alegría, y entre exclamaciones llenó de besos y bendiciones a la anciana a la que incluso ofreció volverla joven de nuevo, aunque la anciana lo rechazó.

  • Gracias, pero no querida. Yo ya he vivido lo mío, he tenido una buena vida hasta que mi Laro se murió, y ahora es el turno de nuestros hijos y nuestros nietos, son ellos los que tienen que vivir ahora. Tú marcha cuanto antes, que ya sabes lo difícil que es encontrar el lago, y pierde cuidado que mientras tú no estés todos los del valle nos encargaremos de cuidar del bosque y de tu hermana. Nunca dejaremos que les hagan daño.

La anciana tenía razón, el lago de Brenavinto era un lago mágico que tan pronto aparecía como desaparecía, así que era difícil de encontrar porque si te despistabas pasabas por el sitio en el momento en el que no estaba y a tus espaldas reaparecía casi como haciéndote burla.

Todo este follón con el lago era porque en el fondo del lago hay un palacio. 

En ese palacio se encuentra la mayor biblioteca que el mundo haya visto o verá en su historia. 

Más que la antigua biblioteca de Alejandría que se quemó por culpa de los hombres, e incluso más que esa Internet que llegaría dentro de muchos cientos de años. 

En Brenavinto están todos los libros que se han escrito y todos los que están por escribir, así que allí se fue la hermana rubia para buscar, entre todas las palabras escritas en todos los libros durante todos los tiempos, las palabras mágicas que sacasen a su hermana del encantamiento.

Hasta hoy por lo menos, no las ha encontrado y cuando aparece el lago de Brenavinto, si se mira con atención al fondo, se puede ver a la hermana rubia por una de las ventanas de palacio rodeada de montones de libros.

La anciana contó a sus vecinos lo que había pasado y entre todos se encargaron que siempre se protegiera el bosque y a la hermana blanca cuya melena sigue lanzando el agua desde lo alto de la montaña.

Puede incluso, que no haya encontrado las palabras porque aún nadie las haya escrito en un libro.

Quizá si tú que lo lees pruebas a ayudarla, consiga liberar a su hermana. ¿Cuáles crees que pueden ser las palabras que liberen a la hermana blanca? Escríbelas aquí, quizá tengas suerte y, si lo logras ten por seguro que las hermanas te premiarán y te darán muchos regalos.