Lobo

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Allende los horizontes que se pueden observar desde la montaña más alta, había un lobo de mar que vivía cómodamente en su batiscafo.

Este no era muy grande ¡pero tenía de todo! Era una obra de ingeniería que nada tenía que envidiar al Nautilus: tenía un suelo que se podía quitar para salir a pasear con una escafandra, una cocina robotizada que preparaba las más ricas ensaladas de algas que hayas podido imaginar, sauna con hidromasaje y una cama con una ventanita a la altura de la almohada que dejaba contar los peces que pasaban cuando el sueño no llegaba.

Casi siempre estaba en la mar pero de vez en cuando se acercaba a una pequeña isla tan lejos de todo que no aparecía en ningún mapa, dónde una amiga suya farera mantenía el foco encendido por si algún barco perdido necesitaba un momento para encontrarse y corregir el rumbo. Él se acercaba por la superficie dejando que las olas acariciasen el casco mientras hacía sonar la sirena para que ella supiera que llegaba ¡Auuuua, auuuuua!

Una vez en la isla se daban un fuerte abrazo con sonrisas tan grandes que casi no les cabían en la cara y pasaban la noche compartiendo un vino, historias y canciones que alegraban el espíritu incluso cuando las letras parecían amargas.

Un día el lobo de mar estaba despistado pescando con su aparejo a través del agujero del suelo mientras el batiscafo avanzaba al ralentí, cuando de repente… ¡clong! El lobo de mar pegó un respingo del susto y fue corriendo al control a ver qué había pasado. ¡Horror! Había chocado contra un tridente clavado en el suelo, y por el lecho marino sólo había alguien con un tridente: ¡Poseidón el rey de todos los mares!

Tras una roca apareció Poseidón, colocándose el tupé que se le había chafado mientras roncaba y giraba de lado a lado. Al ver lo ocurrido gritó: ¿Pero qué has hecho maldito inepto?

No quiso oír las excusas del lobo de mar ni sus ofrecimientos para reparar el tridente doblado, pues como casi todo rey era algo cretino y muy poco le importaba lo que pudiera decir un pequeño mindundi sin importancia.

Por hacer corta la historia, sabed que Poseidón desterró al lobo de mar de todos los mares y de una patada mandó el batiscafo a un bosque lejano donde el lobo de mar se tuvo que convertir en un lobo de tierra y a partir de él se crearon todos los lobos de gran sonrisa que corren por los montes y bosques, y que al ver la luna en el cielo creen que es la luz de la farera y la gritan: ¡Auuu, auuu! Para que sepa que están en camino y vaya poniendo la mesa y sacando el vino.

Rescatados (…dónde estabas tú?) – Ostia puta

10 años desde su último disco y más de 30 desde sus inicios, ¡Vuelve Ostia Puta! Desde Tarrasa.

A pesar de que escriban mal «hostia» es una gozada toparse con este disco en directo de un grupo tan mítico que nos trae los ritmos y todas las peculiaridades del punk español, tan distinto de las versiones internacionales.

Ponle una orejuca y prepárate para los pogos… Punk is not dead!

El dios asesinado en el servicio de caballeros – Sergio S. Morán

Éramos una pareja feliz que convivía ignorando de manera tan descarada el elefante en la habitación que quedaba poco para que le pusiésemos nombre y lo llevásemos al veterinario para administrarle las vacunas necesarias.

Este libro de fantasía contemporánea nos muestra a la imparable detective Parabellum.

Tras un comienzo que rememora a la película de Memento, comienza a vivir diferentes aventuras con distintos grados de intensidad y disparate, en una sucesión digna de las investigaciones holísticas de Dirk Gently.

Portada del libro electrónico

Durante sus andánzas nos presentará distintas criaturas de diferentes mitologías como son los vampiros, los golems o los centauros, que pese a la diversidad no desentona y encaja perfectamente.

Como pasa en muchas historias policiacas los distintos casos se van entremezclando y aunque a veces resuta predicible sabe mantener la tensión a la vez que da lo que promete.

Nosotros creamos a los dioses; la humanidad creó a los dioses. Sin nosotros, sin nuestra adoración, sin nuestra fe, los dioses no existirían. ¿Y qué hacen ellos? No interferir, no ayudar, nada… Pero ¡nos lo deben!

Es un buen libro palomitero, en ningún momento aburre e incluso llega a sacar unas cuantas sonrisas. Sin embargo, no es tan bueno como para que me lance a continuación a devorar toda la saga, pero sí lo suficientemente bueno para que queden en lista y así recurrir a Parabellum cuando necesite letras que sean fáciles de digerir.