Pepe

Hace ya años que quité las vacas y aun así me sigo despertando al albor, lo que es la fuerza de la costumbre, ¿no sabes?

Aunque este sea el medio de Cantabria, no te creas que por eso hay mucho que hacer. Y bueno, los ingenieros que saben y vienen cada tanto a medir dicen que el centro exacto es allá, a la entrada del prao de la Curra, menuda era ¿no sabes?

Una vez llegó a un acuerdo con uno de aquí pa’ comprarle el prao, ¡hasta un beso se dieron! Pero a luego el otro se echó pa’tras. ¡Menudas pestes y maldiciones que le echaba!, ¿no sabes?

Ahora ya no quedan ninguno de los dos. Aquí cuando un hijo o una sobrina te lleva ya no vuelves más que en la caja pa’ meterte al nicho ¿no sabes? Así que los míos mejor que ni vengan, que parece que vienen de revisión. Que queden allá con sus cosas y no vengan a cernerme las mías, que me apaño muy bien solo.

Por la mañana ya me ves. Aquí me entretengo picando leña, tejiendo un cuévano, haciendo unas albarcas… y si vienen de la ciudad como tú, pues me echo una parlá. No te estaré entreteniendo, ¿no? Vale. Alguno vino y se quedó, que como trabajan con los drenadores y eso, paice que les vale cualquier sitio. Y si no viene nadie me echo la parlá’ yo con la Sole, que ahora está ahí escondiduca, le falta costumbre de ver gente, ¿no sabes?

La tarde es más apañaduca si no pega el nordeste, que siempre trae agua, ¿no sabes? Me acerco acullá a las escuelas, que como ya no sirven las pusieron de bar, ¿no sabes? A veces hacemos equipo pa’ echar una Flor, y casi siempre uno u otro hay. Marcialín suele subir en la amoto esa que tiene que cualquier día se lo llevan porque subir, sube bien, pero ¡hay que ver como baja!, ¿no sabes? Si nos juntamos raro es que no nos echemos unos orujos y como le gusta el cante, ¡y lo hace bien!, ¡eh!, yo le pico con la Tonada Más Bonita y luego él ya se lanza por todas una tras otra. Eso sí, siempre le hago el cambio de “Molledo” por “Anievas”. De Calga no puedo decir que él es de Cotillo, allá donde el Consultorio, ¿no sabes?

Antes había más ambiente. De chaval, después de la guerra, siempre te encontrabas con gente. Me mandaba mi madre a la tienda y me reñía por tardar, pero es que en cada casa te preguntaban en qué andabas. Y bueno, que había nieve, no como ahora, ¿no sabes?

Vale, no te preocupes, aquí me quedo con la Soledad que ahora en cuanto marches saldrá. Aprovecha, que va a quedar buen día.

Autor: Javi López G.

Arquitecto/desarrollador, creativo, buscador de nuevas soluciones y modelos de negocio, crítico constructivo y ex muchas cosas

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