zootropo

– ¡VIVIMOS EN UN PERMANENTE DELIRIO! – Gritaba el sombrerero mientras bailaba con un aro en su cintura y  sostenía una taza de té en la punta del pie.

– ¿Del río? De eso me río, allá habrá ostras o algún que otro tentempié ¿verdad amigo carpintero? – Le espetó la morsa mientras se afilaba los bigotes con las puntas de los dedos.

– Bueno, señor morsa, la última vez que planeé con usted para hacer un tentempié, no me salió nada bien ¡ni una sóla ostra probé!

– Pero mi querido amigo, ¿aún dándole vueltas a aquel terrible malentendido? No sea rencoroso y pasemos a otro papel.

Entre todos ellos, un conejo blanco corría como loco sin parar de mirar el reloj. Un gato aparecía y desaparecía de lo alto de los árboles, las flores parecía que cantaban, y unas cartas caían como fichas de dominó.

De Repente todo paró. Ni un susurro se movía. La niña se acercó a la caja y la dió cuerda y cuerda y cuerda… hasta que no pudo más, y al soltar la manecilla todo volvió a empezar.

Yo te ayudo

-Deja, que yo te ayudo con la compra.

-¿Te ayudo a cambiar al niño?

-Yo te ayudo a poner la mesa.

-¿Necesitas ayuda con la comida?

-Hoy te he ayudado haciendo la cama.

-Deja, que te ayudo con los platos.

-¿Quieres que te ayude con la aspiradora?

-Mira, no me ayudes más, nos divorciamos y ya me apaño yo sola con la compra, el niño, la comida, la limpieza y de hacer y deshacer la cama.

Una batalla fácil

Iba a ser una batalla de lo más sencilla. Era uno más de los escenarios preparados para las maniobras que el General se había empeñado en montar para poder lucir la nueva tecnología y satisfacción del alto mando.

Ocupaba cuatro cuadrantes, uno montañoso al oeste de una ciudad (abandonada, claro) al sur se abría una planicie con alguna masa forestal, pero sin a penas sitio para esconderse. Un sitio perfecto para demostrar lo efectiva que podía ser en combate la tecnología de invisibilidad. Cualquiera sin una tecnología así sería afortunado de poder dar dos pasos por allí sin que lo hicieran papilla.

Cualquier enemigo en la ciudad estaría atento a las montañas desde las torres de vigilancia, mientras que yo podía dirigir a mi unidad de blindados a través de la planicie sur sin mayor preocupación.

Todo iba con normalidad y sin sobresaltos hasta que llegamos a mitad de la planicie, donde cualquier refugio nos quedaba igual de lejos.

En un sitio así podíamos movernos rápido y la exposición no era un problema. Sólo alguna mina de última generación podría afectarnos, y a nadie le habría valido la pena minar ese páramo.

De repente ¡Boom! Una explosión hizo temblar mi aparato. Rápidamente empecé a pedir informes para saber qué demonios había pasado, pero la radio era un caso así que salí por la torreta para hacerme una idea de lo sucedido. El carro de Tennessee, el Rolling Stone, estaba en llamas totalmente destrozado.

Rápidamente empecé a dar órdenes para que el resto se dispersase en una formación abierta mientras conseguía información del mando. Jhonny me gritaba que había que hacer algo por ellos, era joven e incapaz de asimilar que Tennessee y los demás ya estaban muertos y nosotros lo estaríamos pronto si no hacíamos lo que debíamos… «¡Habrá tenido un fallo de motor!», pobre muchacho, a pesar de haberse asomado tras de mí no se había fijado en el impacto de cohete que tenía en el lateral derecho, eso no había sido un accidente.

– General, tenemos fuego real, ¿qué demonios ocurre?

– Brrt brrrrrt

– General Mason, aquí Jefe Camaleón. Han disparado al Rolling Stone con lo que parece un misil de tierra con munición real, solicito información e instrucciones.

Todos mis chicos corrían a todo lo que daban los motores de sus carros mientras la radio seguía en silencio… ¡Boom!

– ¡El Wild Side ha caído! – dijeron varios informes, esta vez más ordenados, en la radio.

Tragué saliva mientras mi cerebro verbaliza a lo que tenía que hacer.

– Aquí el comandante, hemos perdido la comunicación con el mando y está claro que además hay algún tipo de enemigo que puede vernos a pesar de la invisibilidad. Cambien a fuego real y machaquen cualquier cosa que se mueva ahí fuera. Sí alguno está cerca de una de las formaciones boscosas abandonen el tanque y póngase a resguardo, el resto activen el modo White Rabbit, tal vez bajo tierra no nos puedan ver o al menos disparar. Buena suerte chicos, no sé contra quién pero estamos en guerra y pinta negro.

Manoluco

Hace ya años que quité las vacas y aun así me sigo despertando al albor, lo que es la fuerza de la costumbre, ¿no sabes?

Aunque este sea el medio de Cantabria, no te creas que por eso hay mucho que hacer. Sí, el mismo medio. Los ingenieros que saben y vienen cada tanto a medir dicen que el centro exacto es allá, a la entrada del prao de la Curra, menuda era ¿no sabes?

Una vez llegó a un acuerdo con uno de aquí pa’ comprarle el prao, ¡hasta un beso se dieron! Pero a luego el otro se echó pa’tras. ¡Menudas pestes y maldiciones que le echaba!, ¿no sabes?

Ahora ya no quedan ninguno de los dos. Aquí cuando un hijo o una sobrina te lleva ya no vuelves más que en la caja pa’ meterte al nicho, ¿no sabes? Así que los míos mejor que ni vengan, que parece que vienen de revisión. Que queden allá con sus cosas y no vengan a cernerme las mías, que me apaño muy bien solo.

Por la mañana ya me ves. Aquí me entretengo picando leña, tejiendo un cuévano, haciendo unas albarcas… y si vienen de la ciudad como tú, pues me echo una parlá’. No te estaré entreteniendo, ¿no? Vale. Alguno vino y se quedó, que como trabajan con los drenadores y eso, paice que les vale cualquier sitio. Y si no viene nadie me echo la parlá’ yo con la Sole, que ahora está ahí escondiduca, le falta costumbre de ver gente, ¿no sabes?

La tarde es más apañaduca si no pega el nordeste, que siempre trae agua, ¿no sabes? Me acerco acullá a las escuelas, que como ya no sirven las pusieron de bar, ¿no sabes? A veces hacemos equipo pa’ echar una Flor, y casi siempre uno u otro hay. Marcialín suele subir en la amoto esa que tiene que cualquier día se lo llevan porque subir, sube bien, pero ¡hay que ver como baja!, ¿no sabes? Si nos juntamos raro es que no nos echemos unos orujos y como le gusta el cante, ¡y lo hace bien!, ¡eh!, yo le pico con la Tonada Más Bonita y luego él ya se lanza por todas una tras otra. Eso sí, siempre le hago el cambio de “Molledo” por “Anievas”. De Calga no puedo decir que él es de Cotillo, allá donde el Consultorio, ¿no sabes?

Antes había más ambiente. De chaval, después de la guerra, siempre te encontrabas con gente. Me mandaba mi madre a recaos y me reñía por tardar, pero es que en cada casa te preguntaban en qué andabas. Y bueno, que había nieve, no como ahora, ¿no sabes?

Vale, no te preocupes, aquí me quedo con la Soledad que ahora en cuanto marches saldrá. Aprovecha, que va a quedar buen día.

The Black Cicada and the Red Ant

A little ant was wandering through the field, very focused on finding food for her colony, when suddenly she collided with a cicada who was having lunch.

  • Horror! Danger! I must quickly alert the soldiers. – the ant exclaimed as she couldn’t move, petrified with fear.
  • Calm down, Mrs. Ant, I think you’re having a small panic attack. Focus on your breathing: inhale, exhale, inhale, exhale… Very good, do you see how the fright is passing? Would you like to have lunch with me? The sap from this plant is very sweet.
  • Lun… lunch? I can’t have lunch; I have to work for the colony. We are not allowed to eat until the queen and her princesses and princes are well-fed.
  • Well, look at it this way. With the scare you just had, most of the carmine has disappeared from your exoskeleton. To continue your work, you need to recover first, and a bit of sweetness would do you a lot of good.
  • When you put it that way… Maybe I should have a little lunch.
  • Of course! Here you go, take advantage of the hole I’ve already made. This sap is delicious, isn’t it?
  • Mmm, mmm – the ant replied, nodding while still feeding on the plant.
  • I’m sure you’ll be back in perfect condition to continue your task for the colony in no time… Speaking of the colony, what was that about the soldiers?

The ant, who seemed satiated by now, moved away from the plant and answered.

  • We have orders that if we see any intruders in the colony’s territory, we should alert the soldiers to take care of it.
  • That doesn’t sound good at all, having military personnel deal with a harmless cicada who hasn’t bothered anyone! Besides, who says this is your colony’s territory? I thought the land belonged to everyone, and we should all take care of it and enjoy it. Why should it be yours?
  • Well, I don’t know, it’s what the Queen told us.
  • And do you always obey this queen in everything?
  • Of course, it’s our duty. As members of the colony, following orders helps ensure that we are all safe and happy.
  • I see, happy, but first she and her children have to eat… Do you have children?
  • Nooo, we’re not allowed to.
  • Of course not! So, the whole colony works tirelessly for this so-called queen and her offspring! Did you at least choose her because she’s the wisest or something like that?
  • Honestly, I couldn’t say, she was already there when I was born.
  • And judging by what I’ve seen, she’ll still be there when you die.
  • Well, some of the workers do die from time to time, if there’s a shortage of food or an attack on the colony, or if a leg is broken… But we usually live for several months, I still have some time left.
  • And the queen? How long does the queen live? Does she also put herself at risk during attacks or go hungry when there’s a shortage?
  • Well…
  • Well, nothing! They’ve sold you the story that it’s all for the greater good, but in the end, it’s all for the lady in charge.
  • But by living in a colony, we gather all the food from our territory, so we have reserves for everyone to eat.
  • Once her majesty has eaten, right?
  • Yes, well…
  • And this talk of your territory is getting on my nerves! When I was born from the earth, I had to fight for my own life to emerge and do everything I could to find sustenance. Since then, I’ve done what I pleased without bothering anyone, and now it turns out that if I take some of this sap, you and I become enemies because in your queen’s imagination, this land is hers, and her soldiers will attack and kill me if they can. They might even take me as lunch for the lady on the throne and her offspring! But you, little ant, born as a worker, have to think first about satisfying and caring for your queen, and maybe, if you have some spare time, you can think about yourself… That’s not a colony; it’s a tyranny. From birth, they instill in you that you are not equal and do not have the same rights. If there’s no equality among you, how can a poor cicada wandering around looking for sustenance expect fair and equal treatment? It seems you’ve recovered; you have a better color at least. I’m leaving before your soldiers find me.

And she flew away without looking back, leaving the pensive ant behind. Perhaps if she had turned her head, she would have noticed that the red ant had developed some black spots.

Semillas literarias

Hoy, el abuelo me dejó ir con él al banco de semillas y había semillas de todo tipo: de trigo, de cebada, centeno, maíz, de alcornoques y de hayas, de tréboles y de cualquier planta que puedas imaginar. Todas bien ordenadas en su sección, por un lado los cereales, por otro las semillas de hierbas, las de árboles… ¡y las literarias! Había semillas de cuentos de vaqueros, cuentos de magos y princesas, cuentos para mayores basados en historias reales, biografías, ensayos… nunca entendí porque publicaban los ensayos cuando ya estaban publicadas las obras de teatro. El abuelo se llevó semillas de uva, de trigo y de cebada, porque le gusta hacer su buen vino y su propia cerveza. Yo me llevé una de piratas, me encantan sus historias y el mar, que solo vamos a veces en verano. Cuando crezca os la leeré.

Semillas de vida

Hace muchos, muchos años, cuando la tierra era toda ella un terreno yermo, sin atmósfera, sin vida… llegaron unos extraterrestres y plantaron unas semillas de vida. No sólo lo hicieron aquí ya que estaban experimentando y también sembraron en Marte y en otros planetas de la galaxia. Su propósito era saber como de importante era la variedad para los ecosistemas. En Marte solo pusieron un tipo de semillas, pero en la Tierra desplegaron montones de variedades distintas: unas para el mar, otras para las tierras altas, otras para los humedales, otras para las riberas de los ríos… En el experimento del sistema solar les quedó claro que para que la vida progresase tenía que haber variedad y especialización, porque no es lo mismo un haya, que un roble, que una encina, aunque todos vengan y nos den bellotas. Ahora es tiempo de que lo aprendamos los humanos.