Hipotecados 002

-Tomás, despierta. Llegarás tarde.-Le dijo su madre mientras levantaba la persiana y dejaba entrar la luz en la leonera que era el cuarto que compartía con su hermano pequeño.

«Aaaaaah» gritaba su cerebro que todavía zumbaba por haber estado muy cerca de los altavoces. Tom y sus amigos siempre se ponían en los conciertos, discotecas y cualquier evento en torno a la música, junto al altavoz derecho. De este modo, si uno de ellos llegaba tarde o se perdía, siempre podía volver a localizar a sus amigos.

-Buenos días, madre.

-Date prisa en desayunar, que es tardísimo.

-Tranquila, que voy bien. Además ¿dónde van a encontrar otro que trabaje gratis?

-Bueno, no te puedes quejar, que para ser aprendiz Manolo te da buenas perras de vez en cuando. Cuando tu padre tenía tu edad llevaba en la fábrica casi 10 años, y sin ver un real, que todo iba pa’ casa.

-Hola, buenos días.-El hermano de Tomás entró en la cocina desperezándose.

-¡Hola canijo!-Le cogió y comenzó a girar con él en brazos.

-¡Ja, ja, ja! ¡Bájame, Tomás!

-Deja al niño, que harás que vomite.

-Me voy corriendo- Dijo Tomás bebiendo el café de un trago y cogiendo un taco de galletas para el camino.

Los lunes eran duros, pero sabía que podría pasar el día intentando recordar todas las cosas que habían pasado ese fin de semana y al acabar la jornada se volvería a juntar con Paco y Rober.

Hipotecados 001

-Yo sólo fumo porros.

-Y alguna raya de spiz.

-Eso, eso. Y las litronas, ¡que te las apalancas siempre! Anda, trae pa acá.

-Bueno, pero el tema aquí en cuestión es que las drogas duras te anulan y evitan que luches contra la opresión estatal.

-Ya estamos -contestó Paco mientras pasaba el litro a Rober -Tom, Tom, Tom, no empieces con tus paranoias de los libros ¿Quién te oprime a ti?

-No son sólo los libros, ya lo dice el Evaristo: «Si allí tienen a la Tatcher, aquí tenemos a Ardanza».

-¡Pero vamos a ver!-Paco agarró con fuerza la nuca de Tom y pegó su frente a la de él-¿Qué mierdas me estás diciendo de Ardanza? ¿Ahora somos vascos? ¡Mira!- Se despegó y empezó a girar con los brazos extendidos- ¡Estamos en la puta Inmobiliaria! Aquí no mandan ni Ardanza ni la fulana esa, aquí mandan los putos yonkis y los hijoputas de los maderos cuando vienen a incordiar.

-En eso tiene razón Paco, aquí gobierna el Díaz después de que se la jugaran al Rodriguez. Lo echaron como a un perro.

-Va, ya se la había jugado ese antes al Hormachea. Ese si que apunta maneras, hacedme caso. Pero bueno, que da igual quién mande. El tema es la anulación del ser y la opresión estatal, sea de quien sea. Mira cuando entran las lecheras, a los yonkis no se los llevan, se llevan a los mineros que dan guerra.

-Bueno, el otro día se llevaron al Pitu.- Rober lanzó la litrona vacía al otro lado de la pista donde reventó y se hizo añicos.

-Ya Rober, pero eso fue porque le había dado un tirón a una vieja y la tiró al suelo. Si es que cuando están con el mono ni miran.

-Ya te digo, puto cáncer el caballo.

-Venga, Rober, no empieces tú también. ¿Qué hacemos hoy, chavales?

El no-espacio

ß

Curiosamente, aunque infinitas especies supuestamente inteligentes de infinitos universos han logrado adivinar que existían infinitos universos con pequeñas diferencias unos de otros, ninguna ha sido capaz de acercarse a lo que hay entre ellos, o a lo que en realidad no-hay.

En el no-espacio no hay nada, pero en esa nada se destila desde cada universo las cosas que sólo existen en la imaginación de los distintos seres que lo habitan. Así, si un pájaro recordaba una fresa que había visto en una primera pasada sobre una huerta, esta no se materializaba en el no-espacio. Sin embargo, si una madre le contaba a su hijo un cuento sobre personas que vivían en el interior de fresas gigantes en las que hacían hueco a mordiscos, esta fresa imaginada se desmaterializaba espontáneamente fuera de los límites de la realidad para poder plasmarse en la imaginación de esa madre y ese niño.

En el no-universo las cosas no-pasan. Así que la materia se desmaterializa, y una vez descompuesta en sus más pequeños elementos un gran dragón se la descome dando como resultado la materia originalmente imaginada. Es algo imposible de imaginar por ninguna de las infinitas especies supuestamente inteligentes de los infinitos universos con pequeñas diferencias unos de otros, puesto que si llegasen a imaginárselo se daría la contrariedad de que el no-espacio debiera desmaterializarse dentro del no-espacio y ningún dragón podría descomer tal infinitud.

Cada uno de los infinitos dragones se alimentaba de la materia desmaterializada de un grupo infinito de universos, pero un infinito menor al de los universos totales existentes, está claro.

Estos dragones no eran como, los dragones que la especie que se denomina a sí misma como «humanos» en infinitos universos, solían describir. No tenían garras, ni alas, ni escupían fuego. Estos «humanos» habrían dicho que se parecen a las babosas marinas, moviéndose sin moverse, flotando sin flotar, pero claro, de dimensiones universales.

Dado que el no-espacio es imposible de imaginar y por tanto de describir, dejémoslo en que es el no-lugar en el que no-ocurren las cosas imposibles pero imaginables desmaterializadas por la imaginación de los seres que viven en los distintos infinitos universos.

El discreto encanto de la máquina de Turing – Greg Egan

ß

Esta obra de ciencia ficción del popular autor Greg Egan, es un relato «corto» de sólo 66 páginas.

Antes de nada he de aclarar que el pdf tiene algún problema de maquetación que hizo que la conversión a kindle no fuera perfecta y en 4 o 5 puntos se saltaba algunas palabras, lo que ha dificultado su lectura y puede haber influído en mi opinión general.

El texto es original de 2017, pero en abril de este año se publicó una traducción que el propio autor enlazó desde su cuenta de Mastodon (@gregeganSF).

A Spanish translation of one of my stories, “El discreto encanto de la máquina de Turing”, is now online at:

cuentosparaalgernon.wordpress.

2025-04-16, 11:24 19 compartidos 19 favoritos

La historia sigue a Dan, un teleoperador que se queda en paro y observa como toda la sociedad está siendo desbancada por sistemas de inteligencia artificial mientras él se preocupa por mantener a flote a su familia.

El planteamiento es de rabiosa actualidad y la premisa se va planteando con calma y presentando hechos que inicialmente parecen no tener conexió unos con otros.

Dan se quedó sentado inmóvil durante diez o quince segundos, pero la pura fuerza de la costumbre lo arrancó de su estupor: si la pantalla estaba apagada, era hora de marcharse.

Sin embargo, cuando llega el momento del giro, del descubrimiento, el momento en el que tienes toda tu atención al máximo, el autor lo explica todo en palabras del propio Dan cuando le cuenta a su mujer lo que está pasando.

Esa resolución tan anticlimática deja un mal sabor de boca, pero no desmerece la historia que es interesante y te hace preguntarte cómo sería un mundo así, y si no estaremos por casualidad dirigiéndonos hacia esa misma dirección.

En comparación a otros textos del mismo autor, creo que esté aprobaría pero no sería notable, aunque sí que me ha dejado con esa sensación de «me gustaría saber más sobre ese universo» que me haría atacar a cualquier secuela.

Escuchamos pero no juzgamos

ß

«Escuchamos pero no juzgamos» ese era el mantra que se repetía constantemente en el grupo de ayuda pero, al menos para mí, era imposible no juzgar, vamos, no me jodas.

Había un gordo que pesaría más de 150 kilos el muy cabrón. Se desbordaba por los lados de la silla que misteriosamente soportaba el exceso de peso sólo arqueando un poco sus patas. Contaba como cada día caía y acababa con toda la comida basura que tenía en la despensa y que el repartidor del super se encargaba amablemente de reponer. Ese maldito gordo no tenía un ápice de autocontrol, ni de amor propio. ¡Por Dios santo! Debería hacerle un favor y coserle la boca para que no pudiera deglutir nada más en su vida. El maldito vago tendría que vivir encadenado a una cinta de correr para quemar todo el exceso de grasa que le supuraba por los poros.

¿Y qué me dices de la vieja y fea que lloraba por no poder parar de masturbarse pensando en el marido de su mejor amiga? «Escuchamos pero no juzgamos». ¿Es en serio? Si no se hubiera pasado la vida pensando en sus malditos gatos tal vez podría haber encontrado un buen hombre, que hay muchos españoles que se tienen que casar con perupas por no encontrar buenas mujeres de aquí.

«Escuchamos pero no juzgamos». Valiente tontería. Y pensar que el estúpido del juez me haya obligado a perder el tiempo en esta tontería para evitarme pagar la multa. ¡Guapo va si pensaba el muy imbécil que iba a darle un sólo céntimo para que el Perro Sánchez se lo gaste en el Falcon!

Yo sí que habría sido un buen juez, aprovecharía para meter un buen paquete a todos esos perroflautas filoetarras que hay siempre en la terraza del Reynolds, que ni una cerveza a gusto se puede tomar ya uno.

La próxima semana me van a escuchar pero bien toda esa panda de desgraciados hippies ¡y que juzguen si quieren! A ver si me voy a tener que avergonzar yo por haberle puesto un ojo morado a la muy puta. ¡Si no le gustan los clientes españoles que se quede en su país a morirse de hambre! Yo pago y tengo mis derechos. Agradecida debería de estar de tener un cliente guapo como yo.

Lobo

ß

Allende los horizontes que se pueden observar desde la montaña más alta, había un lobo de mar que vivía cómodamente en su batiscafo.

Este no era muy grande ¡pero tenía de todo! Era una obra de ingeniería que nada tenía que envidiar al Nautilus: tenía un suelo que se podía quitar para salir a pasear con una escafandra, una cocina robotizada que preparaba las más ricas ensaladas de algas que hayas podido imaginar, sauna con hidromasaje y una cama con una ventanita a la altura de la almohada que dejaba contar los peces que pasaban cuando el sueño no llegaba.

Casi siempre estaba en la mar pero de vez en cuando se acercaba a una pequeña isla tan lejos de todo que no aparecía en ningún mapa, dónde una amiga suya farera mantenía el foco encendido por si algún barco perdido necesitaba un momento para encontrarse y corregir el rumbo. Él se acercaba por la superficie dejando que las olas acariciasen el casco mientras hacía sonar la sirena para que ella supiera que llegaba ¡Auuuua, auuuuua!

Una vez en la isla se daban un fuerte abrazo con sonrisas tan grandes que casi no les cabían en la cara y pasaban la noche compartiendo un vino, historias y canciones que alegraban el espíritu incluso cuando las letras parecían amargas.

Un día el lobo de mar estaba despistado pescando con su aparejo a través del agujero del suelo mientras el batiscafo avanzaba al ralentí, cuando de repente… ¡clong! El lobo de mar pegó un respingo del susto y fue corriendo al control a ver qué había pasado. ¡Horror! Había chocado contra un tridente clavado en el suelo, y por el lecho marino sólo había alguien con un tridente: ¡Poseidón el rey de todos los mares!

Tras una roca apareció Poseidón, colocándose el tupé que se le había chafado mientras roncaba y giraba de lado a lado. Al ver lo ocurrido gritó: ¿Pero qué has hecho maldito inepto?

No quiso oír las excusas del lobo de mar ni sus ofrecimientos para reparar el tridente doblado, pues como casi todo rey era algo cretino y muy poco le importaba lo que pudiera decir un pequeño mindundi sin importancia.

Por hacer corta la historia, sabed que Poseidón desterró al lobo de mar de todos los mares y de una patada mandó el batiscafo a un bosque lejano donde el lobo de mar se tuvo que convertir en un lobo de tierra y a partir de él se crearon todos los lobos de gran sonrisa que corren por los montes y bosques, y que al ver la luna en el cielo creen que es la luz de la farera y la gritan: ¡Auuu, auuu! Para que sepa que están en camino y vaya poniendo la mesa y sacando el vino.