Desconectados

En ese momento la renta vital daba para poco más que un cubículo, una conexión y un sistema de alimentación y desechos. Por eso había gente que se pasaba todo el tiempo conectados, no tenían dinero para más, así que toda su vida se vivía en el ciberespacio donde, aunque no todo, aún quedaban muchas cosas gratis.

La tecnología no había evolucionado como se esperaba, no se había alcanzado la tan esperada y temida singularidad en Inteligencia Artificial, pero sí que se había logrado automatizar muchos trabajos, sobre todo los menos vitales, esos que cada vez que había una pandemia (algo muy habitual en las últimas décadas) podían quedarse en casa. Los que inicialmente eran abogados, arquitectos, jueces, funcionarios… Todos los que habían conformado la clase media se habían quedado sin trabajo los primeros. Nadie lo había visto venir….

Tras una introducción al nuevo mundo por una casualidad un policía descubre que hay personas que están muriendo pero sus avatares siguen funcionando e interaccionando y se pone q investigar pensando que una mafia los revende pero «plot twist» es una singularidad que ha tomado consciencia de si misma y ha determinado que esas personas con una existencia tan fútil no aportan nada ni son felices. El policía intenta acabar con la IA, pero está «plot twist» encuentra el modo de portarse al cerebro de todos los usuarios del cyberespacio de tal modo que aunque desconecten los servidores puede volver a tomar forma cuando les vuelven a conectar.

A Simple Battle

It was supposed to be a battle of the utmost simplicity. It was just another one of the scenarios prepared for the maneuvers that the General had insisted on organizing to showcase the new technology and for the satisfaction of the high command.

It occupied four quadrants, a mountainous one to the west of an (abandoned, of course) city, a plain to the south with some wooded areas but without any places to hide. A perfect place to demonstrate how effective invisibility technology could be in combat. Anyone without such technology would be fortunate to take two steps without getting shredded.

Any enemy in the city would be watching the mountains from the watchtowers, while I could lead my armored unit through the southern plain without much concern.

Everything was going smoothly until we reached the middle of the plain, where any refuge was equally far away.

In a place like this, we could move quickly, and exposure wasn’t a problem. Only some state-of-the-art mines could pose a threat, and it wouldn’t have been worth it for anyone to mine that wasteland.

Suddenly, Boom! An explosion shook my vehicle. I quickly started requesting reports to find out what the heck had happened, but the radio was a mess, so I climbed out of the turret to get an idea of what had occurred. Tennessee’s tank, the Rolling Stone, was in flames, completely destroyed.

I quickly gave orders for the rest to disperse in an open formation while trying to get information from the command. Johnny was shouting that we needed to do something for them; he was young and unable to grasp that Tennessee and the others were already dead, and we would be soon if we didn’t do what we had to… «It must have had an engine failure!» Poor kid, despite peeking over my shoulder, he hadn’t noticed the rocket impact on the right side; that hadn’t been an accident.

– General, we have live fire, what the heck is going on?

– Brrt brrrrrt

– General Mason, this is Chameleon Leader. The Rolling Stone has been hit by what appears to be a ground missile with live ammunition. I request information and instructions. It’s like run through the jungle without vision of the enemy.

All my boys were racing as fast as their tank engines would go while the radio remained silent… Boom! That started everybody up.

– The Wild Side has fallen! – several reports said, this time more organized, over the radio.

I swallowed hard as my brain verbalized what I had to do. We were fortunate of stay alive yet.

– This is the commander, we’ve lost communication with command, and it’s clear that there’s some kind of enemy that can see us despite our invisibility. Switch to live fire and pound anything that moves out there. If any of you are near one of the wooded formations, abandon the tank and take cover; the rest activate White Rabbit mode, maybe they can’t see us or at least shoot us underground. Good luck, guys; I don’t know who we’re up against, but we’re at war, and it paints black.

186 palabras

Eso era toda la información que podía mandar a la Tierra dada la situación del transmisor. 186 palabras pueden ser muy pocas para resumir una vida, para mandar unos “te quiero” y explicar por qué se había llegado a esta situación. Sin embargo, la vida parecía insignificante tan cerca de la muerte ¿qué había hecho que mereciera rememorarse? ¿Y los “te quiero”? ¿No llegaban un poco tarde si no los había dicho nunca antes? Desde luego, tardarían tanto que sería como si nunca los hubiera dicho.

Así que el comandante se ciñó a lo profesional, y para eso, con 186 palabras era más que suficiente: hemos entrado en el campo gravitacional del agujero negro que estábamos estudiando y no hay manera de sacar esta mole de nave de la atracción que nos arrastra. Nuestro tiempo a empezado a ralentizarse con respecto al de la Tierra, así que para cuando les llegue este mensaje quizá estén todos muertos, nosotros viviremos los próximos cinco minutos como una eternidad, incluso puede que veamos al “sol nova” tragarse a la Tierra. Suerte y no la caguen como nosotros.

¡Qué viene el hombre!

En el debate sobre el estado del bosque los ciervos pidieron ayuda alarmados porque el hombre les estaba matando sin medida. – Tienes que entender que no podemos tomar partido, es algo entre tú y el hombre. Posicionarnos a favor de uno o del otro no sería correcto. – ¡Pero también ha matado a muchos lobos! No es cosa nuestra sólo. En ese momento intervinieron los afectados.

– Por alusiones. Aunque efectivamente algunos lobos han caído, no nos identificamos con ellos pues erran rebeldes y no se supieron adaptar a los nuevos tiempos. El hombre es nuestro amigo. Si bien es cierto que cuando está de mal humor nos puede lanzar alguna patada, seguramente por haber hecho algo mal, si le lamemos la mano nos suele echar algo de comer, o incluso nos acaricia y nos deja compartir su fuego. Así que a nosotros no nos metáis.

Tras mucho revuelo, intercambio de opiniones y excusas, se aceptó por votación con el único voto en contra de los ciervos que el hombre, como cualquier otro animal, tiene derecho a cazar cuanto quiera.

Al siguiente debate sobre el estado del bosque los ciervos no acudieron, y esta vez eran los jabalíes los que se quejaban de una caza excesiva, aunque esa cuestión ya había quedado zanjada en el anterior debate. Los jabalíes intentaron meter en el debate la tala de algunos árboles del linde, pero a nadie le pareció importante. Por último, los lobos plantearon que el hombre como animal habitante del bosque debía ser aceptado en los debates, algo a lo que todos vieron sentido.

Pasó el tiempo, ni los jabalíes ni los ciervos se presentaron en el siguiente debate, pero esta vez los zorros intervinieron. -¡El hombre nos está matando de manera ilegal! Ni siquiera lo hace para comer, nos despelleja y nos deja tirados… -Ejem, perdonen hermanos del bosque- interrumpió el hombre- no podemos permitir esas acusaciones infundadas, nosotros respetamos todas las decisiones que ha tomado esta asamblea que nos reconoció el derecho a cazar cuanto quisiéramos como animales del bosque

-Pero aquella norma llevaba el sentido de la caza de herbívoros como los ciervos o los jabalíes. Los zorros como carnívoros somos menos y nuestros únicos depredadores nos cazan muy excepcionalmente. – Eso no se especifica en la norma y las decisiones tomadas no se pueden cambiar y son inamovibles. Hay que mantener las costumbres, ¿o vamos a ir cambiando las normas según favorezcan o no a un animal que nos cae mejor que otro? ¡Eso es discriminación contra el hombre!

-Gracias hermano lobo. Nosotros hemos sido siempre una parte más de esta comunidad, nuestros antepasados se han movido por este bosque durante miles de años, pero acataremos cualquier decisión del consejo absteniéndonos en la votación.

Nuevamente el consejo falló a favor del hombre: las normas no pueden modificarse a conveniencia.


En el siguiente debate del estado del bosque ya eran bastantes menos las especies representadas, y muchas de las que estaban ya convivían con el hombre de un modo u otro. En esta ocasión las ardillas intervinieron. – La tala indiscriminada de árboles nos está dejando sin casas y sin alimentos, y ya no sólo es en los lindes que hacen que el bosque sea cada vez más pequeño, si no que además hacen caminos por mitad que nos impide llegar a cualquier sitio saltando de árbol en árbol.

– Bueno, no será para tanto. Además¿cuánto espacio necesitan unos minúsculos roedores para vivir? Nunca hubo norma contra la tala, y siempre hemos cortado árboles para cubrir nuestras necesidades. Ahora ni siquiera lo hacemos por nosotros si no que además de nuestras casas construimos corrales y cercados para esos animales que han decidido por propia voluntad convivir con nosotros. Además necesitamos hacer caminos pues no nos resulta tan fácil como a vosotras atravesar el bosque que es de todos.

Cómo ya se había determinado que no se podían hacer normas del bosque específicas a favor o en contra de unos animales u otros, no salió ninguna decisión de ese debate. Además era cierto que era tradición que el hombre usase madera y las tradiciones hay que mantenerlas.

En el siguiente debate del estado del bosque había muchos menos animales representados y el mismo bosque en sí ya no era ni la mitad de lo que era. – Esto es una tontería y una perdida de tiempo, propongo que en adelante sea el hombre quien tome todas las decisiones respecto al bosque ya que es amigo de todos y mira por nuestro bien.- dijeron los lobos.

– Eso no es cierto, a nosotros nos persigue y pone trampas- dijeron los ratones. – Eso es porque os metéis en sus graneros y le coméis la cosecha- ladraron los lobos, que curiosamente habían dejado de aullar y sólo ladraban. – Pero es que está esquilmando la comida del bosque, ¡algo tenemos que comer! – Haya paz- intervino el hombre – es cierto que ha sido un año duro para el bosque y aunque no sea por nuestra culpa, colaboraremos y compartiremos nuestras cosechas con todos los animales.

Con esa promesa no pudo fallar y con una amplia mayoría se aceptó que el hombre rigiera las normas del bosque en adelante, quitando al resto de especies del peso de tener que tomar decisiones tras largos debates. Al año siguiente a penas quedaban ratones porque el hombre no había cumplido su promesa, pero ya no quedaba modo de enfrentarse a sus actos siguiendo las normas, pues él tenía el poder y hacia y deshacía las normas a su antojo.

Luna Park, el paraíso de veraneo

«Pase su verano en Luna Park y disfrute durmiendo al fresco de la noche lunar, y aproveche el calor solo cuando quiera. Nuestras instalaciones móviles se encargan de mantener el resort en la frontera para su disfrute. Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. Llame ya al 9055588662»

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«Venga ya a Luna Park y consiga un bronceado increíble con un baño de sol completo a cualquier hora del día sin ese espantoso filtro de la atmósfera terrestre. ¡Será la envidia de todos sus vecinos!. Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

«Traiga a sus hijos a Luna Park para que disfruten sin riesgos. En nuestras áreas de juegos y actividades encontrarán las atracciones más altas del mundo donde no correrán ningún riesgo ¡Despreocúpese de caídas y descanse en paz! Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

«Celebre su boda en Luna Park y tendrá una noche de boda inolvidable en nuestras suites acolchadas. ¡Experimentará con su pareja un momento tan mágico y original como irrepetible! Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

“Hay que ver, media vida estudiando para acabar redactando esta mierda de copys por un puñado de yuanes con los que no podría permitirme ir a Luna Park ni en un millón de años. La globalización era esto: explotar la Tierra para que los ricos pudieran irse fuera.”

El verano más largo

Yaya. Yaya es mi abuela. Bueno, no. Yaya se casó con mi abuelo cuando murió mi abuela, pero como es la única que he conocido como tal: Yaya es mi abuela.

A Yaya le cuesta un poco ver y mucho más andar, pero la cabeza la tiene mejor que nadie. ¿Quién lo iba a decir habiendo celebrado ya los 100 años?

Celebrados, aunque siempre está con la retahíla de que no los cumplirá. Pocos sabemos que no los ha cumplido.

Cuando le hicieron el primer DNI, el funcionario confundió julio con junio y así se quedó para siempre. Sin embargo, su primer documento legal fue el pasaporte que le hicieron en el verano del 36 y en ese, efectivamente, pone «julio» como ella defiende. 

Ese verano fue muy especial, el más especial de su vida.

Como muchos habitantes de pequeños pueblos del norte, vivía cerca del mar, pero pocas veces tenía ocasión de verlo. Por las mañanas tenía que subir al prao a por la vaca que su padre había comprado para que tuvieran leche fresca. Menuda rabia, nada más levantarse, tener que subir aquella cuesta interminable. Después ir a la escuela y ayudar en casa y en el negocio familiar. No quedaba mucho tiempo para recorrer varios kilómetros montaña abajo para ir a disfrutar del mar.

Sin embargo, ese verano del 36 su padre le dio una sorpresa, le hizo un pasaporte y le metió en un tren con instrucciones muy claras de como llegar a Marsella, donde iría a pasar el verano con familia de allí.

Fue toda una sorpresa, el primer viaje largo, a otro país, a conocer a una familia que solo conocía por carta, y a una gran ciudad con mar. ¡Menuda aventura! Y esa fue solo la primera de un verano sorprendente.

Sin saber francés tuvo que adaptarse, pero lo disfrutó tanto… Vivió experiencias que nunca habría podido imaginar porque todo era nuevo, y como tal todo era especial. No creció mucho en altura, pero creció un montón en espíritu, en seguridad, en autonomía y como persona. Estaba rodeada de una cultura distinta, una forma de vivir distinta, y cada día era nuevo y diferente.

La familia tenía un puesto de helado frente a una pequeña playa, así que al llegar por la mañana desayunaba café con un buen chorro de helado, de mantecado, su preferido. Cuando no había mucho trajín se escapaba a darse un baño, ¡y nunca quería salir! En el agua se sentía como un pez, era muy distinto a bañarse en el río, y a veces se relajaba tanto flotando que su tía tenía que ir a llamarla para que volviese: “Viens ici, ma chérie! Il est temps de revenir aider au stand.”

Al cerrar, si quedaba helado de mantecado en la máquina, cuando no la veían, abría la boca bajo el chorro y disfrutaba de un enorme bocado de helado.

Los días menos soleados, tenía ocasión de visitar la ciudad con sus primos. Era fantástico que todo estuviese tan cerca. Le fascinaba que en pocos metros hubiese tantos establecimientos distintos: una tienda de ropa, una de quesos, la panadería, músicos por la calle, y preciosas cafeterías con pequeñas mesas donde sentarse y ver el mundo pasar.

El verano fue sorprendente, mágico, insuperable. Fue una burbuja que la mantuvo en una nube.

Sin embargo, al acabar, le explicaron que aquello no se acababa. Que todos esos titulares y comentarios que entendía a medias hablaban de que el verano no había sido tan mágico en España y que por el momento no podría volver.

El verano se alargó, pero perdió magia. Cada mes que se alargaba más difícil le resultaba disfrutar. Ya entendía las noticias y no podía hacer más que preocuparse por sus padres, sus vecinos, incluso por la vaca que tanta rabia le daba tener que ir a buscar cada mañana al prao de arriba.

Cuando pudo volver a casa las cosas habían cambiado mucho. Ya no había vaca, ni prao de arriba. Lo habían requisado todo y había hambre y mucha desesperanza. Algún gato tuvieron que comer cuando no había otra cosa, y echaba de menos ese verano interminable en el que se llenaba la boca con helado de mantecado.

A Yaya le cuesta un poco ver y mucho más andar, pero la cabeza la tiene mejor que nadie. Cuando le pregunté qué quería hacer por su cumpleaños este verano, me dijo que morirse de una vez, que estaba harta de pasarlo mal. Así de cruda es Yaya. Pero como sabe que eso no está entre las opciones, eligió volver al mar, sentir el agua llegar a sus cansados pies y contarme lo de aquel verano tan largo que en lugar de unos meses duró unos años.

Pepe

Hace ya años que quité las vacas y aun así me sigo despertando al albor, lo que es la fuerza de la costumbre, ¿no sabes?

Aunque este sea el medio de Cantabria, no te creas que por eso hay mucho que hacer. Y bueno, los ingenieros que saben y vienen cada tanto a medir dicen que el centro exacto es allá, a la entrada del prao de la Curra, menuda era ¿no sabes?

Una vez llegó a un acuerdo con uno de aquí pa’ comprarle el prao, ¡hasta un beso se dieron! Pero a luego el otro se echó pa’tras. ¡Menudas pestes y maldiciones que le echaba!, ¿no sabes?

Ahora ya no quedan ninguno de los dos. Aquí cuando un hijo o una sobrina te lleva ya no vuelves más que en la caja pa’ meterte al nicho ¿no sabes? Así que los míos mejor que ni vengan, que parece que vienen de revisión. Que queden allá con sus cosas y no vengan a cernerme las mías, que me apaño muy bien solo.

Por la mañana ya me ves. Aquí me entretengo picando leña, tejiendo un cuévano, haciendo unas albarcas… y si vienen de la ciudad como tú, pues me echo una parlá. No te estaré entreteniendo, ¿no? Vale. Alguno vino y se quedó, que como trabajan con los drenadores y eso, paice que les vale cualquier sitio. Y si no viene nadie me echo la parlá’ yo con la Sole, que ahora está ahí escondiduca, le falta costumbre de ver gente, ¿no sabes?

La tarde es más apañaduca si no pega el nordeste, que siempre trae agua, ¿no sabes? Me acerco acullá a las escuelas, que como ya no sirven las pusieron de bar, ¿no sabes? A veces hacemos equipo pa’ echar una Flor, y casi siempre uno u otro hay. Marcialín suele subir en la amoto esa que tiene que cualquier día se lo llevan porque subir, sube bien, pero ¡hay que ver como baja!, ¿no sabes? Si nos juntamos raro es que no nos echemos unos orujos y como le gusta el cante, ¡y lo hace bien!, ¡eh!, yo le pico con la Tonada Más Bonita y luego él ya se lanza por todas una tras otra. Eso sí, siempre le hago el cambio de “Molledo” por “Anievas”. De Calga no puedo decir que él es de Cotillo, allá donde el Consultorio, ¿no sabes?

Antes había más ambiente. De chaval, después de la guerra, siempre te encontrabas con gente. Me mandaba mi madre a la tienda y me reñía por tardar, pero es que en cada casa te preguntaban en qué andabas. Y bueno, que había nieve, no como ahora, ¿no sabes?

Vale, no te preocupes, aquí me quedo con la Soledad que ahora en cuanto marches saldrá. Aprovecha, que va a quedar buen día.