La cigarra negra y la hormiga colorada

Una hormiguita iba por el campo muy concentrada buscando comida para su colonia, cuando de repente se chocó con una cigarra que estaba almorzando.

– ¡Horror! ¡Peligro! He de avisar pronto a los soldados. – gritaba la hormiga mientras no conseguía moverse petrificada por el miedo.

– Tranquilícese señora hormiga, creo que le está dando un pequeño ataque de pánico. Concéntrese en su respiración: inspire, expire, inspire, expire… Muy bien, ¿ve como ya se le va pasando el susto? ¿Quiere almorzar conmigo? La savia de esta planta es muy dulce.

– ¿Al… almorzar? Yo no puedo almorzar, tengo que trabajar para la colonia, no nos está permitido comer hasta que la reina y sus princesas y princesos estén bien alimentadas.

– Bueno, míralo de este modo. Con el susto que te has llevado se te ha ido casi todo el carmín de tu exoesqueleto, para poder seguir con tu trabajo has de recuperarte antes y un poco de dulce te vendría muy pero que muy bien.

– Visto de ese modo… Tal vez deba almorzar un poco.

– ¡Claro que sí! Aquí tienes, aprovecha el agujero que ya he hecho yo. Está rica esta savia ¿verdad?

– Mmm, mmm- contestó la hormiga mientras asentía sin quitar la boca de la planta.

– Seguro que en un momento vuelves a estar en perfectas condiciones para seguir con tu tarea para la colonia… Hablando de la colonia ¿qué era eso de los soldados que decías?

La hormiga, que ya parecía saciada, se separó de la planta y contestó.

– Tenemos órdenes de que si vemos a cualquier intruso en el terreno de nuestra colonia avisemos a los soldados para que se hagan cargo.

– ¡No suena nada bien eso de que unos militares se hagan cargo de una pobre cigarra que no se ha metido con nadie! Además ¿quién dice que este es el terreno de tu colonia? Yo pensaba que la tierra era de todos y todos debíamos encargarnos de cuidarla y de disfrutarla. ¿Por qué va a ser vuestra?

– Bueno, no sé, es lo que nos comunicó la Reina.

– ¿Y a esa reina le hacéis siempre caso en todo?

– Por supuesto, es nuestra obligación. Cómo miembros de la colonia, acatar las órdenes ayuda a que todos estemos a salvo y felices.

– Ya, felices pero primero tienen que comer ella y sus hijos… ¿tú tienes hijos?

– Nooo, no se nos permite.

– ¡Faltaría! ¡Así que toda la colonia se desvive por esa tal reina y sus vástagos! ¿Al menos la elegisteis por ser la más sabia o algo así?

– La verdad que yo no sabría decirte, cuando nací ya estaba ahí.

– y visto lo visto cuando mueras ahí seguirá en su poltrona.

– bueno, sí que algunas de las obreras mueren de vez en cuando, si hay falta de alimento o un ataque a la colonia, o si se rompe una pata… Pero acostumbramos a vivir varios meses, aún me queda.

– ¿Y la reina? ¿Cuánto vive la reina? ¿También se pone en riesgo cuando hay un ataque o pasa hambre cuando hay escasez?

– No bueno…

– ¡Bueno nada! Os han vendido el cuento de que todo es por el conjunto pero al final todo es por la señorita dirigente.

– Pero al vivir en una colonia recogemos toda la comida de nuestro territorio y así tenemos reservas para comer todas.

– Una vez que haya comido su majestad.

– Sí, bueno…

– ¡Y lo de vuestro territorio ya me tiene un poco harta! Cuando yo nací de la tierra tuve que pelear por mi propia vida para salir a la superficie y hacer todo lo posible para conseguirme sustento. Y desde entonces he hecho lo que me ha parecido sin meterme con nadie, y ahora resulta que por tomar de esta savia tú y yo somos enemigas porque en la imaginación de vuestra reina esta tierra es suya y sus soldados me atacarán y matarán si pueden. ¡Puede que incluso me lleven de almuerzo para la señorita de la poltrona y sus vástagos! Eso sí, tú no almuerces no vaya a ser que te sientas feliz y libre por un momento.

– Pero la Colonia…

-¡Nada! La colonia nada. Por casualidades del destino yo nací cigarra y no basta con que haya tenido que salir del barro por mí misma tras nacer y vagar buscando sustento, que si entro en las supuestas tierras de la colonia me arriesgo a que me ataquen los militares… Y tú, hormiguita, por haber nacido obrera has de hacer todo pensando en la satisfacción y el cuidado de tu reina lo primero, y quizá, si te sobra tiempo puedas pensar en ti misma… Eso no es una colonia, es una tiranía, y desde el nacimiento os inculcan que no sois iguales y no tenéis el mismo derecho. Si ni entre vosotras tenéis igualdad, cómo va a esperar un trato justo e igualitario una pobre cigarra que vagabundea de aquí para allá buscando sustento. Parece que ya te has recuperado, tienes mejor color al menos, me voy antes de que tus militares me encuentren.

Y echó a volar sin mirar atrás, dejando a la hormiguita toda pensativa. Tal vez, si hubiese vuelto la cabeza se habría dado cuenta de que a la hormiga colorada le habían salido unas pintitas negras.

Autor: Javi López G.

Arquitecto/desarrollador, creativo, buscador de nuevas soluciones y modelos de negocio, crítico constructivo y ex muchas cosas

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