La estirpe – 1. 161

Amanecía un día caluroso tras una noche de esas en las que parece que el sol no se ha puesto. Lara, con su madre Lara y algunas personas de su castro situado tres valles hacia el este, habían hecho noche donde se reunían el río Bis-Salia con el Salia para la ofrenda al díos de la sabiduría.

No eran el único pueblo presente, otros que seguían atendiendo a las tradiciones de antaño estaban allí representados para el ritual en el que, todas las futuras curanderas de los poblados cántabros que habían comenzado a ser mujeres, hacían su ofrenda de sangre a Erudinus.

Lara, hija de Lara, hacía tres lunas que había comenzado a ser mujer, y sabiendo que iba a seguir los pasos de su madre, guardó sus ropas manchadas con su primera sangre para el ritual, pues era sabido que la primera le daría más poder.

Todos los cántabros allí reunidos acudieron a la llamada del jefe, Cornelio, para iniciar la ascensión al sagrado monte Dubrón, donde se realizaría la ofrenda.

Ese año cargaban con una nueva Ara que representaba al dios, y la colocarían en la cima del monte.

Allí estaban representadas varias generaciones de cántabros, que pese a la invasión romana, seguían manteniendo sus tradiciones. Como suele pasar, los más mayores y algunos de los más jóvenes que no atendían más que a las leyendas, eran reacios a los romanos, sin embargo, poco influían estos en su día a día.

Los romanos, una vez sometieron a los cántabros con un costo altísimo de tropas y de tiempo, se habían conformado con asegurar los Portus y las vías de abastecimiento hacia la meseta, así como de introducir su idioma y cambiarle el nombre a todo: pueblos, valles, ríos, dioses, etc. No eran muy estrictos con los poblados de esa región pues, sabiendo lo que les había costado llegar a subyugarlos, no estaban dispuestos a enfrentarse a ninguna revuelta.

¿Quién sabe si de haber conocido el resultado, no se habrían rendido antes Corocota y el resto de valientes guerreros cuya muerte ahora no significaba demasiado?

Cierto es que su modo de vida también había cambiado pues ya no iban a guerrear contra pueblos del sur por grano si no que, como soldurios, cruzaban aguas y calzadas para luchar con pueblos más lejanos que todavía se resistían a Roma a cambio de oro y otras riquezas.

Autor: Javi López G.

Arquitecto/desarrollador, creativo, buscador de nuevas soluciones y modelos de negocio, crítico constructivo y ex muchas cosas

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