La última bruja – IV

7. Pablo

Durante el viaje, no había hablado casi nada. Miraba a todo con los ojos muy abiertos, y tenía siempre una expresión de querer hacer una pregunta  sin atreverse. No sé si estaba loca o tenía cierto retraso, en cualquier caso no la quería para debatir. Era guapa y estaba buena, no necesitaba más.

Al llegar a casa le dejé que tomase un poco de agua. Le dije que podía dejar el Libro sobre una mesa, que nadie lo tocaría y en cuanto la tuve sentada en el sofá me lancé a por su boca. Ella se intentó echar hacia atrás pero el respaldo no le dejaba, me empujaba pero no podía conmigo, me clavó sus uñas. Le di un poco de respiro y la pregunté qué le pasaba, si ya sabía a lo que había venido. —Perdóneme, Don Pablo, quizá he malentendido algo, pero aún soy doncella y no es el momento de cambiar eso—. Que Don, ni qué niño muerto. Íbamos a follar quisiera o no, así que volví a besarla  mientras la sujetaba las manos y echaba todo el peso sobre ella. No obstante , con dificultad, giró la cara y dijo en alto —Forzar doncellas no es bueno, conviértete en sapo hasta que una te de un tierno beso— y entonces —croac—.

8. Deva

¡Le tuve que convertir en sapo al mozuco! Eso por ser muy echao pa lante, ¡que aprenda la lección!

Al final este tiempo, con todas sus maravillas, seguía teniendo sus pegas.

Esta situación tan violenta me hizo pensar en mi madre, en lo que estaría sufriendo si le hubiese cogido la Inquisición. Tenía que ayudarle, pero no sabía cómo. Tendría que volver atrás, eso estaba claro, y luego ver qué hacer para liberarla.

Primero empecé por asearme en la fuente dejando mi vestido sucio y me puse las ropas del mozuco-sapo, que habían quedado apiladas en el suelo. Me fascinaron lo cómodas que eran. Luego tomé el Libro para ver si el hechizo que me había traído hasta este ahora, podría llevarme de vuelta a aquel ahora… Nada servía para viajar al pasado, así que solo tenía un modo de revertir el hechizo, aunque madre me hizo prometer muchas veces que nunca lo usaría.

Salí del edificio (esta vez por las escaleras), crucé la zona (esta vez sin admirar nada, enfocada en mi meta) y puse dirección a la Cueva de las brujas, casi corriendo, sin pensar más que en ir al rescate de la mi madre.

Autor: Javi López G.

Arquitecto/desarrollador, creativo, buscador de nuevas soluciones y modelos de negocio, crítico constructivo y ex muchas cosas

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