9. Inquisidor
Llevaba toda la noche y parte del día torturando a esa bruja cuando me di por vencido —quizá quieras hablar cuando las llamas laman tus pies— le susurré al oído. Me escupió su sangre a la cara y me dijo que no le importaba morir porque sabía que la magia le sobreviviría, que las gentes sabían que era buena por mucho que le pintasen de mala y que por mucho poder que tuviera eso no lo lograría borrar nunca.
Estaba claro que estaba suficientemente entera como para poder ir consciente y caminando a la hoguera, quería dar un buen espectáculo esa noche y usarla como declaración de intenciones para dejar claro que la Iglesia manda y ni la más famosa bruja de la comarca puede nada contra ella. “Los gritos de esta hereje resonarán en las almas de todos los infieles”, pensé.
10. Anjana
Había intentado contener los gritos de dolor y las lágrimas todo lo que pude, pero al final tuve que dejar escapar aullidos desgarradores.
No sabía que hora era, aunque me parecía que llevaba atada a esos aparatos que se había traído el amable Inquisidor para disfrute de los herejes toda una eternidad.
“Espero que Deva haya podido escapar, seguro que sí, si no sería a ella a la que estarían torturando para que yo hablase”. Siempre fue muy obediente y las instrucciones que le había dado eran muy claras en caso de separarnos, así que fuese la hora que fuese ya no estaría aquí, o mejor dicho: ya no estaría ahora.
Por el movimiento de la luz que entraba por un pequeño tragaluz que daba a la calle, diría que habían pasado 5 o 6 horas desde que el Inquisidor se rindió, y ya sabía lo que tocaba a continuación. Me intentaba mentalizar para mostrarme fuerte, para mostrar a las gentes que se puede resistir a las maldades de la Inquisición.
Cuando la luz empezó a perder intensidad supe que ya había llegado la hora.
