La última bruja

13. Deva

En cuanto sonó la explosión, esperé unos segundos para que el humo se alzara y me adentré en la hoguera. Tapé a Madre con la manta que usaba como capa y le susurré al oído —calma madre, voy a liberarte—. Le desaté las manos y salimos en dirección contraria al Inquisidor y al Verdugo.

Luego corrimos y corrimos hasta que llegamos a la cueva. Le planteé las opciones a madre y juntas nos adentramos en la oscuridad. Ella tropezó con la vasija que estaba allí muy bien plantada por mi anterior yo, ahora convertida en piedra, y se asustó. Le tranquilicé: como no sería suficiente para las dos, había preparado una nueva. La bebimos, nos acurrucamos en otra esquina de la cueva y pronunciamos a la vez el conjuro, esperando despertarnos en un mañana distinto.

14. Inquisidor

Si no lo hubiese visto con mis propios ojos, no lo habría creído y habría hecho azotar a quien me lo contase. El diablo en persona había aparecido en la hoguera, abrazó a la bruja y la hizo desaparecer. Se ve que esta bruja sí que era de verdad.

FIN

Autor: Javi López G.

Arquitecto/desarrollador, creativo, buscador de nuevas soluciones y modelos de negocio, crítico constructivo y ex muchas cosas

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