11. Deva
Estaba escondida en una esquina, con una manta a modo de capuchón y capa. Chorreaba agua y solo esperaba que mi plan funcionase porque no habría otra oportunidad: o nos salvávamos las dos, o moríamos las dos.
Ya se escondía el sol, y en un momento dieron comienzo a la ceremonia trayendo a la hereje y atándola a un tronco que había en mitad de la plaza con leña y sarmientos debajo. Me costó retener un chillido al ver a madre encorvada por el dolor y ensangrentada.
Una vez atada el señor Inquisidor hizo su pantomima de juicio divino y le preguntó a mi madre si se arrepentía. Ella siguió callada como había estado todo el tiempo y el Inquisidor rompió el silencio con un: —¡Prendedla!—.
Esa era mi señal, estaba preparada y lista, me cubrí la cara y agarré fuerte el cuchillo.
Madre me pidió perdón aunque era imposible que me hubiera visto. La mezcla de rabia y miedo me hacía temblar todo el cuerpo. De pronto: ¡pufss! Era el momento.
12. Anjana
Aún no entendía muy bien lo que había pasado, pero iba de la mano de Deva corriendo a escondernos del Inquisidor. tenía tantas preguntas que hacerle a mi Deva.
Para cuando llegamos a la cueva no me quedaba resuello y las preguntas me aturullaban la cabeza… Deva ya no parecía ella, tenía una confianza y una calma que no le había visto nunca, estaba claro que algo había cambiado en ella.
—Sé que tienes preguntas, pero ahora es muy importante que me atiendas porque tenemos que tomar decisiones muy rápido. El hechizo no nos iba a llevar a otro lugar, sino a otro tiempo.
—Lo sé.
—Uff, pues que respiro, pensaba que te habías equivocado y eso nos pondría en más apuros.— Me dijo mientras entrábamos a la cueva y me señalaba las cenizas del Libro.
—Ahora tenemos que decidir si nos vamos a ese tiempo en el que todo es de lo más extraño, o si nos quedamos, pero sea lo que sea lo haremos juntas—.
Estaba claro que mi niña, mi pequeña Deva, otrora tan delicada y tímida, se había convertido en apenas unas horas en una mujer fuerte y decidida.
—Aquí estamos bien. Si viene gente les veremos llegar. Cuéntame qué te ha pasado, ¿cómo lo has hecho?
—Por mis ropajes supongo que sabrás que he estado en ese tiempo en el que todo es distinto. Tienen relojes de bolsillo, carros sin caballos y fuentes en las casas ¡Todo el mundo es rico! No hay hambre, y en todos lados hay una música estridente que tapa el ruido de las olas.
Sé que te prometí que cuidaría el Libro, pero tenía que deshacer el hechizo para poder volver a buscarte, no quiero estar en ningún sitio sin ti—.
Deva sabía perfectamente que había una forma de deshacer cualquier hechizo. Si quemabas el Libro mientras pronunciabas un hechizo que hubieses hecho en el último día, este se deshacía. Siempre que habíamos hablado del tema, le forcé a prometer que nunca lo haría, pues el conocimiento que guardaba el Libro era el único legado que podía dejarle. Sin embargo, se ve que sin Libro se las había sabido apañar, al menos lo suficiente como para librarme de una muerte agónica.
—¿Y lo de la hoguera? ¿Cómo lo has hecho sin el Libro? porque viendo que no nos ha seguido nadie, tu plan ha debido de salir perfecto.
—¡Eso ha sido fácil! Lo peor fue tener que esperar el momento. Esta mañana, mientras daba vueltas a la hoguera simulando que rezaba el rosario por tu redención, oía tus gritos y no podía hacer nada más que seguir con el plan. Era muy sencillo: al volver del futuro me fui hacia la torre de Don Diego; varios de los que ahora la protegen y vigilan la mar lo hacen gracias a que les curé en su día, por lo que no fue difícil convencerles de que me diesen una bolsa de pólvora que esparcí por la zona de la hoguera entre Ave María y Ave María; luego me empapé entera en agua antes de que te llevaran a la hoguera, y el resto ya lo sabes.
—Vaya, has aprendido a hacer magia sin magia— sonreí.
