186 palabras

Eso era toda la información que podía mandar a la Tierra dada la situación del transmisor. 186 palabras pueden ser muy pocas para resumir una vida, para mandar unos “te quiero” y explicar por qué se había llegado a esta situación. Sin embargo, la vida parecía insignificante tan cerca de la muerte ¿qué había hecho que mereciera rememorarse? ¿Y los “te quiero”? ¿No llegaban un poco tarde si no los había dicho nunca antes? Desde luego, tardarían tanto que sería como si nunca los hubiera dicho.

Así que el comandante se ciñó a lo profesional, y para eso, con 186 palabras era más que suficiente: hemos entrado en el campo gravitacional del agujero negro que estábamos estudiando y no hay manera de sacar esta mole de nave de la atracción que nos arrastra. Nuestro tiempo a empezado a ralentizarse con respecto al de la Tierra, así que para cuando les llegue este mensaje quizá estén todos muertos, nosotros viviremos los próximos cinco minutos como una eternidad, incluso puede que veamos al “sol nova” tragarse a la Tierra. Suerte y no la caguen como nosotros.

Enano Rojo, la(s) novela(s)

Hoy en día es muy habitual ver series o películas basadas en libros. No es tan habitual ver lo contrario, y eso es lo que traemos hoy: una serie de libros basada en una serie de televisión.

Enano Rojo fue una serie de la BBC, que todo el mundo dice que es genial. Yo no tengo el gusto de haberla visto, por eso mi experiencia de lectura es distinta a la que podría tener un fan de la serie.

Esta serie de libros está escrita por los creadores de la serie: Rob Grant y Doug Naylor. Los dos primeros libros (La novela y Mejor que la vida) están escritos a 4 manos, mientras que los dos últimos (Hacia atrás y Último Humano) los escribieron por separado.

El orden de publicación fue:

  1. La novela
  2. Mejor que la vida
  3. Último humano
  4. Hacia atrás

Mientras que el orden de lectura que recomiendan en todos sitios si quieres que la historia tenga cierta continuidad es:

  1. La novela
  2. Mejor que la vida
  3. Hacia atrás
  4. Último humano

Tanto la narración como la historia subyacente de los libros recuerda una barbaridad a la trilogía de cinco partes que escribió Douglas Adams. También estaba basada en una serie (radiofónica) y trata sobre la vida, el universo y todo lo demás. También hay correspondencia entre sus personajes y en lo cómico de una historia que esconde giros completamente inesperados.

En esta, seguimos las andanzas de la Enano Rojo, una nave minera, y de sus habitantes atravesando el universo y el tiempo.

Es muy difícil explicar su argumento sin hacer muchos spoilers, pero puedo decir que hay un protagonista joven y desenfadado, que tiene rastas y un serio problema con la autoridad (Lister). Está su alter ego, un pelota encorsetado llamado Rimmer. Una máquina súper inteligente con ciertos problemas mentales (Holly). La chica amada eternamente por el prota (Kristine Kochanski). Y el simpático compañero raro (Gato).

Cualquiera que haya leído La Guía tendrá muy fácil encontrar los personajes de ella que se corresponden a estos.

Los libros en sí, como digo, son muy divertidos y con giros de lo más inesperado y cierran siempre con un cliffhanger. Además son cortitos y no se andan por las ramas, con lo que su lectura es ágil y ligera, y consigue que siempre quieras más.

Los dos primeros (La Novela y Mejor que la vida) son mucho más que correctos, mientras que el tercero (Hacia atrás) me parece una obra maestra. El primer tercio de sus páginas es toda una proeza narrativa que el autor consigue resolver sin forzar al lector a gastar neuronas de más. Sólo por ese trozo ya merece la pena la lectura de toda la saga.

Sin embargo, no puedo decir lo mismo del cuarto (Último humano, que se publicó en tercer lugar). Quizá sea porque rompe con la trama de la historia principal de los otros libros, quizá por el claro cambio en el modo de escribir o que los giros dejen de ser tan inesperados. La cuestión es que viniendo de una obra maestra, leer este cuarto libro da auténtica pereza. Tanto es así que lo acabé dejando a medias. No sigue el hilo de la historia, ni siquiera encajaría bien si se leyese en tercer lugar, contradice algunas de las cosas descritas en los dos primeros tomos y lo que para mi es más grave en una historia de ciencia ficción: plantea una física que no funciona, las situaciones son imposibles porque la física nunca funcionará como el autor da a entender.

Como resumen, sólo puedo decir que si te enfrentas a enano rojo tendrás unas horas realmente apasionantes, hasta que llegues al último libro. Ahí queda la incertidumbre, porque quién sabe, quizá a ti te guste.

¡Qué viene el hombre!

En el debate sobre el estado del bosque los ciervos pidieron ayuda alarmados porque el hombre les estaba matando sin medida. – Tienes que entender que no podemos tomar partido, es algo entre tú y el hombre. Posicionarnos a favor de uno o del otro no sería correcto. – ¡Pero también ha matado a muchos lobos! No es cosa nuestra sólo. En ese momento intervinieron los afectados.

– Por alusiones. Aunque efectivamente algunos lobos han caído, no nos identificamos con ellos pues erran rebeldes y no se supieron adaptar a los nuevos tiempos. El hombre es nuestro amigo. Si bien es cierto que cuando está de mal humor nos puede lanzar alguna patada, seguramente por haber hecho algo mal, si le lamemos la mano nos suele echar algo de comer, o incluso nos acaricia y nos deja compartir su fuego. Así que a nosotros no nos metáis.

Tras mucho revuelo, intercambio de opiniones y excusas, se aceptó por votación con el único voto en contra de los ciervos que el hombre, como cualquier otro animal, tiene derecho a cazar cuanto quiera.

Al siguiente debate sobre el estado del bosque los ciervos no acudieron, y esta vez eran los jabalíes los que se quejaban de una caza excesiva, aunque esa cuestión ya había quedado zanjada en el anterior debate. Los jabalíes intentaron meter en el debate la tala de algunos árboles del linde, pero a nadie le pareció importante. Por último, los lobos plantearon que el hombre como animal habitante del bosque debía ser aceptado en los debates, algo a lo que todos vieron sentido.

Pasó el tiempo, ni los jabalíes ni los ciervos se presentaron en el siguiente debate, pero esta vez los zorros intervinieron. -¡El hombre nos está matando de manera ilegal! Ni siquiera lo hace para comer, nos despelleja y nos deja tirados… -Ejem, perdonen hermanos del bosque- interrumpió el hombre- no podemos permitir esas acusaciones infundadas, nosotros respetamos todas las decisiones que ha tomado esta asamblea que nos reconoció el derecho a cazar cuanto quisiéramos como animales del bosque

-Pero aquella norma llevaba el sentido de la caza de herbívoros como los ciervos o los jabalíes. Los zorros como carnívoros somos menos y nuestros únicos depredadores nos cazan muy excepcionalmente. – Eso no se especifica en la norma y las decisiones tomadas no se pueden cambiar y son inamovibles. Hay que mantener las costumbres, ¿o vamos a ir cambiando las normas según favorezcan o no a un animal que nos cae mejor que otro? ¡Eso es discriminación contra el hombre!

-Gracias hermano lobo. Nosotros hemos sido siempre una parte más de esta comunidad, nuestros antepasados se han movido por este bosque durante miles de años, pero acataremos cualquier decisión del consejo absteniéndonos en la votación.

Nuevamente el consejo falló a favor del hombre: las normas no pueden modificarse a conveniencia.


En el siguiente debate del estado del bosque ya eran bastantes menos las especies representadas, y muchas de las que estaban ya convivían con el hombre de un modo u otro. En esta ocasión las ardillas intervinieron. – La tala indiscriminada de árboles nos está dejando sin casas y sin alimentos, y ya no sólo es en los lindes que hacen que el bosque sea cada vez más pequeño, si no que además hacen caminos por mitad que nos impide llegar a cualquier sitio saltando de árbol en árbol.

– Bueno, no será para tanto. Además¿cuánto espacio necesitan unos minúsculos roedores para vivir? Nunca hubo norma contra la tala, y siempre hemos cortado árboles para cubrir nuestras necesidades. Ahora ni siquiera lo hacemos por nosotros si no que además de nuestras casas construimos corrales y cercados para esos animales que han decidido por propia voluntad convivir con nosotros. Además necesitamos hacer caminos pues no nos resulta tan fácil como a vosotras atravesar el bosque que es de todos.

Cómo ya se había determinado que no se podían hacer normas del bosque específicas a favor o en contra de unos animales u otros, no salió ninguna decisión de ese debate. Además era cierto que era tradición que el hombre usase madera y las tradiciones hay que mantenerlas.

En el siguiente debate del estado del bosque había muchos menos animales representados y el mismo bosque en sí ya no era ni la mitad de lo que era. – Esto es una tontería y una perdida de tiempo, propongo que en adelante sea el hombre quien tome todas las decisiones respecto al bosque ya que es amigo de todos y mira por nuestro bien.- dijeron los lobos.

– Eso no es cierto, a nosotros nos persigue y pone trampas- dijeron los ratones. – Eso es porque os metéis en sus graneros y le coméis la cosecha- ladraron los lobos, que curiosamente habían dejado de aullar y sólo ladraban. – Pero es que está esquilmando la comida del bosque, ¡algo tenemos que comer! – Haya paz- intervino el hombre – es cierto que ha sido un año duro para el bosque y aunque no sea por nuestra culpa, colaboraremos y compartiremos nuestras cosechas con todos los animales.

Con esa promesa no pudo fallar y con una amplia mayoría se aceptó que el hombre rigiera las normas del bosque en adelante, quitando al resto de especies del peso de tener que tomar decisiones tras largos debates. Al año siguiente a penas quedaban ratones porque el hombre no había cumplido su promesa, pero ya no quedaba modo de enfrentarse a sus actos siguiendo las normas, pues él tenía el poder y hacia y deshacía las normas a su antojo.

Luna Park, el paraíso de veraneo

«Pase su verano en Luna Park y disfrute durmiendo al fresco de la noche lunar, y aproveche el calor solo cuando quiera. Nuestras instalaciones móviles se encargan de mantener el resort en la frontera para su disfrute. Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. Llame ya al 9055588662»

«En Luna Park, podrá demostrar a sus amigos que es todo un deportista de élite sin esa molesta gravedad terrestre. ¡No habrá deporte que se le resista! Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

«Disfrute en Luna Park de la fiesta eterna durante la noche sin fin que solo acabará cuando usted quiera. Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

«Venga a los casinos de Luna Park y disfrute de la emoción de los juegos de azar en baja gravedad. ¡Maravíllese con los dados rodando a cámara lenta o la bola de la ruleta saltando como nunca había visto! Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

«Venga ya a Luna Park y consiga un bronceado increíble con un baño de sol completo a cualquier hora del día sin ese espantoso filtro de la atmósfera terrestre. ¡Será la envidia de todos sus vecinos!. Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

«Traiga a sus hijos a Luna Park para que disfruten sin riesgos. En nuestras áreas de juegos y actividades encontrarán las atracciones más altas del mundo donde no correrán ningún riesgo ¡Despreocúpese de caídas y descanse en paz! Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

«Celebre su boda en Luna Park y tendrá una noche de boda inolvidable en nuestras suites acolchadas. ¡Experimentará con su pareja un momento tan mágico y original como irrepetible! Luna Park, el paraíso de veraneo que no encontrará en la Tierra. LLame ya al 9055588662»

“Hay que ver, media vida estudiando para acabar redactando esta mierda de copys por un puñado de yuanes con los que no podría permitirme ir a Luna Park ni en un millón de años. La globalización era esto: explotar la Tierra para que los ricos pudieran irse fuera.”

El verano más largo

Yaya. Yaya es mi abuela. Bueno, no. Yaya se casó con mi abuelo cuando murió mi abuela, pero como es la única que he conocido como tal: Yaya es mi abuela.

A Yaya le cuesta un poco ver y mucho más andar, pero la cabeza la tiene mejor que nadie. ¿Quién lo iba a decir habiendo celebrado ya los 100 años?

Celebrados, aunque siempre está con la retahíla de que no los cumplirá. Pocos sabemos que no los ha cumplido.

Cuando le hicieron el primer DNI, el funcionario confundió julio con junio y así se quedó para siempre. Sin embargo, su primer documento legal fue el pasaporte que le hicieron en el verano del 36 y en ese, efectivamente, pone «julio» como ella defiende. 

Ese verano fue muy especial, el más especial de su vida.

Como muchos habitantes de pequeños pueblos del norte, vivía cerca del mar, pero pocas veces tenía ocasión de verlo. Por las mañanas tenía que subir al prao a por la vaca que su padre había comprado para que tuvieran leche fresca. Menuda rabia, nada más levantarse, tener que subir aquella cuesta interminable. Después ir a la escuela y ayudar en casa y en el negocio familiar. No quedaba mucho tiempo para recorrer varios kilómetros montaña abajo para ir a disfrutar del mar.

Sin embargo, ese verano del 36 su padre le dio una sorpresa, le hizo un pasaporte y le metió en un tren con instrucciones muy claras de como llegar a Marsella, donde iría a pasar el verano con familia de allí.

Fue toda una sorpresa, el primer viaje largo, a otro país, a conocer a una familia que solo conocía por carta, y a una gran ciudad con mar. ¡Menuda aventura! Y esa fue solo la primera de un verano sorprendente.

Sin saber francés tuvo que adaptarse, pero lo disfrutó tanto… Vivió experiencias que nunca habría podido imaginar porque todo era nuevo, y como tal todo era especial. No creció mucho en altura, pero creció un montón en espíritu, en seguridad, en autonomía y como persona. Estaba rodeada de una cultura distinta, una forma de vivir distinta, y cada día era nuevo y diferente.

La familia tenía un puesto de helado frente a una pequeña playa, así que al llegar por la mañana desayunaba café con un buen chorro de helado, de mantecado, su preferido. Cuando no había mucho trajín se escapaba a darse un baño, ¡y nunca quería salir! En el agua se sentía como un pez, era muy distinto a bañarse en el río, y a veces se relajaba tanto flotando que su tía tenía que ir a llamarla para que volviese: “Viens ici, ma chérie! Il est temps de revenir aider au stand.”

Al cerrar, si quedaba helado de mantecado en la máquina, cuando no la veían, abría la boca bajo el chorro y disfrutaba de un enorme bocado de helado.

Los días menos soleados, tenía ocasión de visitar la ciudad con sus primos. Era fantástico que todo estuviese tan cerca. Le fascinaba que en pocos metros hubiese tantos establecimientos distintos: una tienda de ropa, una de quesos, la panadería, músicos por la calle, y preciosas cafeterías con pequeñas mesas donde sentarse y ver el mundo pasar.

El verano fue sorprendente, mágico, insuperable. Fue una burbuja que la mantuvo en una nube.

Sin embargo, al acabar, le explicaron que aquello no se acababa. Que todos esos titulares y comentarios que entendía a medias hablaban de que el verano no había sido tan mágico en España y que por el momento no podría volver.

El verano se alargó, pero perdió magia. Cada mes que se alargaba más difícil le resultaba disfrutar. Ya entendía las noticias y no podía hacer más que preocuparse por sus padres, sus vecinos, incluso por la vaca que tanta rabia le daba tener que ir a buscar cada mañana al prao de arriba.

Cuando pudo volver a casa las cosas habían cambiado mucho. Ya no había vaca, ni prao de arriba. Lo habían requisado todo y había hambre y mucha desesperanza. Algún gato tuvieron que comer cuando no había otra cosa, y echaba de menos ese verano interminable en el que se llenaba la boca con helado de mantecado.

A Yaya le cuesta un poco ver y mucho más andar, pero la cabeza la tiene mejor que nadie. Cuando le pregunté qué quería hacer por su cumpleaños este verano, me dijo que morirse de una vez, que estaba harta de pasarlo mal. Así de cruda es Yaya. Pero como sabe que eso no está entre las opciones, eligió volver al mar, sentir el agua llegar a sus cansados pies y contarme lo de aquel verano tan largo que en lugar de unos meses duró unos años.

Pepe

Hace ya años que quité las vacas y aun así me sigo despertando al albor, lo que es la fuerza de la costumbre, ¿no sabes?

Aunque este sea el medio de Cantabria, no te creas que por eso hay mucho que hacer. Y bueno, los ingenieros que saben y vienen cada tanto a medir dicen que el centro exacto es allá, a la entrada del prao de la Curra, menuda era ¿no sabes?

Una vez llegó a un acuerdo con uno de aquí pa’ comprarle el prao, ¡hasta un beso se dieron! Pero a luego el otro se echó pa’tras. ¡Menudas pestes y maldiciones que le echaba!, ¿no sabes?

Ahora ya no quedan ninguno de los dos. Aquí cuando un hijo o una sobrina te lleva ya no vuelves más que en la caja pa’ meterte al nicho ¿no sabes? Así que los míos mejor que ni vengan, que parece que vienen de revisión. Que queden allá con sus cosas y no vengan a cernerme las mías, que me apaño muy bien solo.

Por la mañana ya me ves. Aquí me entretengo picando leña, tejiendo un cuévano, haciendo unas albarcas… y si vienen de la ciudad como tú, pues me echo una parlá. No te estaré entreteniendo, ¿no? Vale. Alguno vino y se quedó, que como trabajan con los drenadores y eso, paice que les vale cualquier sitio. Y si no viene nadie me echo la parlá’ yo con la Sole, que ahora está ahí escondiduca, le falta costumbre de ver gente, ¿no sabes?

La tarde es más apañaduca si no pega el nordeste, que siempre trae agua, ¿no sabes? Me acerco acullá a las escuelas, que como ya no sirven las pusieron de bar, ¿no sabes? A veces hacemos equipo pa’ echar una Flor, y casi siempre uno u otro hay. Marcialín suele subir en la amoto esa que tiene que cualquier día se lo llevan porque subir, sube bien, pero ¡hay que ver como baja!, ¿no sabes? Si nos juntamos raro es que no nos echemos unos orujos y como le gusta el cante, ¡y lo hace bien!, ¡eh!, yo le pico con la Tonada Más Bonita y luego él ya se lanza por todas una tras otra. Eso sí, siempre le hago el cambio de “Molledo” por “Anievas”. De Calga no puedo decir que él es de Cotillo, allá donde el Consultorio, ¿no sabes?

Antes había más ambiente. De chaval, después de la guerra, siempre te encontrabas con gente. Me mandaba mi madre a la tienda y me reñía por tardar, pero es que en cada casa te preguntaban en qué andabas. Y bueno, que había nieve, no como ahora, ¿no sabes?

Vale, no te preocupes, aquí me quedo con la Soledad que ahora en cuanto marches saldrá. Aprovecha, que va a quedar buen día.

Gunslingers – Jordi Armengol

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Una historia del oeste, pero una historia no tan típica.

En este tomo, los dibujos de Jordi Armengol, nos llevan al Kansas de las películas de vaqueros para perseguir a Josephine, una auténtica forajida.

Cuando va a celebrar su duodécimo cumpleaños, unos vaqueros borrachos matan a sus padres a sangre fría.

Desolada, presencia como uno de ellos, hijo de un poderoso ranchero, miente sin miramientos consiguiendo que su crimen quede sin castigo. Sin pensarlo, Josephine, coge un revolver y le descerraja dos tiros, uno por su padre y otro por su madre.

Así da comienzo esta trepidante historia de huídas, emboscadas y tiroteos en la que Josephine deberá disparar por su vida.