Un verdor terrible – Benjamín Labatut

Un verdor terrible es el color del que se teñía todo tras los ataques con gas (cloro) durante la primera guerra mundial. Y ese, el cloro, es uno de los descubrimientos en los que se centra la «historia» de este libro con historia.

Con este libro, y su secuela (Maniac), el autor narra hechos históricos con alguna pequeña licencia, de un modo que acerca al lector, de una manera llana y amigable, descubrimientos y logros científicos de nuestra historia reciente.

Para lograr su objetivo no duda en profundizar en el contexto histórico y en la psique de los científicos que trabajaron en los hallazgos descritos, para que la ciencia resulte tan accesible como cualquier libro de aventuras.

Llegué a estos libros (Un verdor terrible y Maniac) por una recomendación de Chema Alonso en su blog, aunque antes que él fue Obama quién apuntó a Labatut como uno de los autores que mantenía en su apretada lista de lectura con uno de los capítulos de este libro.

Con este libro podrás dotar de historia (parte real y parte ficticia) a grandes avances de la química, matemáticas o física, lo que probablemente te ayude a comprender el calado e importancia de todos los descubrimientos que trata, así como las motivaciones de las personas que están tras ellos.

El legado

Ya estaba el abuelo con su historia de siempre ¡Siempre igual! – Vosotros no lo vivisteis, pero el problema ya había empezado incluso antes de que la gente se empezase a preocupar por él y a salir en los medios y comentarse en las tertulias de los expertos en todo. Hasta ese momento nadie parecía darse cuenta de la ironía de que un bot te pidiese que demostrase si eras una persona o un bot… ¡Y al principio al menos te lo preguntaba! Aunque la forma de demostrarlo solía ser ayudarles a entrenar

Poco tiempo después la gente se alegró de no tener que resolver esos «puzzles» tan tediosos que te preguntaban, no se dieron cuenta de lo preocupante que era que el bot ya supiera si eras un bot o no antes de que hicieras nada.

Cuando empezó a popularizarse y saltó a los medios la Inteligencia Artificial nadie veía más allá de si se perderían trabajos o se crearían nuevos. Algunos calmaban las aguas prometiendo que todo el mundo recibiría lo necesario para vivir sin trabajar ¡Y se lo creyeron!

¡La gente se lo cree todo! En aquella época, había una cosa que se llamaba «democracia» ¡Ay si los griegos levantasen la cabeza! Se elegía quien iba a tomar decisiones en nombre de todos y en ese entonces es en el que empezó a ganar en cada país el que más mentía sin ruborizarse… Así nos fue, y así os hemos dejado este mundo… La generación anterior a la mía… algunos, se lamentaba de que eran los primeros que nos dejaban las cosas peor de cómo se las habían encontrado.

Ni que hubiera sido un reto, madre mía, que mundo os dejo. + Bueno abuelo, tan malo no es ¿No? – Tú siempre lo ves todo con buenos ojos, pero es tremendo que para entrar en cualquier portal, establecimiento, medio de transporte… Sea «el sistema» el que decida si te da acceso o no. El que el acceso a la educación, a la historia, ¡al arte! Esté restringido. * Abuelo, no exageres eh, que bien que tenemos que aprender cosas en las clases.

– Anda niño, no digas tonterías. Esos vídeos que os obligan a ver de influencers no son clases ni son nada. A la clase ibas y un profesor que había estudiado para ello, mejor o peor te enseñaba cosas, y compartías tiempo con otros niños y aprendías valores que ahora no sois capaces ni de concebir. Además, a lo mejor a tus padres les engañas, pero yo sé de sobra como apruebas los exámenes. * No…no sé lo que quieres decir… – ¡Claro que lo sabes! No me tomes por bobo.

Se supone que la generación de tus padres era la nativa digital, esa que iba a saber manejar todo y no sabían hacer la O con un canuto, pero yo, antes de que nacieran ya me pasaba las noches depurando sistemas operativos en tiempo real, crackeando aplicaciones, hackeando servidores… Madre mía fijaros que caras ¡ni siquiera sabéis de lo que os hablo! * Es que abuelo, la mitad de las palabras que usas no las entendemos, y siempre estás con los mismos rollos

+ Di que no, abuelo, a mi me gustan tus historias. Cuéntanos más, ¿cómo era entonces? – Sí, obviemos los exámenes de tu hermano. Hubo muchos «entonces», las cosas cambiaban tan rápido… El mejor momento fue a principios de siglo. Todavía podías hacer lo que quisieras, encontrar cualquier tipo de conocimiento en la red, y os digo cualquiera; y podías opinar de todo e informarte en medios de todo el mundo con información veraz, porque los medios se dedicaban a informar.

Todo iba muy deprisa, y cuando nos dimos cuenta estaba todo plagado de noticias falsas promovidas por bots. Y los sitios de opinión que antes eran propiedad de la gente y cualquiera podía tener uno en su casa, habían pasado a ser propiedad de empresas, y si decías algo que no les gustaba sus bots te censuraban… * Tú sigue diciendo esas cosas y luego te quejarás de que «el sistema» no te deje entrar en el metro. – Bah, ya soy demasiado viejo para preocuparme por él.

Cómo si me encierra en casa, vale la pena si consigo que cuando llegue el momento recordéis algunas de mis palabras. Porque llegará, ya lo creo que llegará. * Uuuuuh, que viene el monstruo. + No te preocupes abuelito, que yo las recordaré todas. – Ya lo sé niña, ya lo sé. Ojalá pudiera dejaros algo más que viejas palabras.

El ministerio del futuro – Kim Stanley Robinson

Vive como si ya hubieras muerto

Hacía tiempo que no encontraba un libro que me dijera algo. Todos era un «ni fu ni fa» que no me llamaban la atención para nada. Todos hasta que llegó El ministerio del futuro.

Este libro no cuenta una historia al uso. Cuenta la historia del planeta, la historia de una revolución. Cuenta la historia de cómo la humanidad tiene que intentar terraformar la propia tierra para poder convivir con ella.

En su caso ya había perdido la esperanza de volver a ser un tipo corriente, de llevar una vida normal, de que no le hubiera pasado lo que le había pasado, de olvidarlo todo. Las terapias le habían enseñado a renunciar a esas esperanzas. Ahora tenía que depositar sus esperanzas en cosas como hacer el bien, por muy jodido que estuviera.

He de reconocer que el libro en sí está escrito reguleramente, pero no es algo horrible. Intercala capítulos narrativos con otros ensayísticos e incluso algunos poéticos en los que el narrador es el mercado o un fotón.

Los capítulos narrativos se centran sobretodo en un pequeño grupo de personas relacionadas con un ministerio de la ONU que se encarga de defender el futuro (para que lo haya) ante los ricos y poderosos.

Las tres personas más ricas del mundo acumulan más riqueza que la suma del PIB de los cuarenta y ocho países más pobres; el 1% más rico de la humanidad tiene más que el 70% más pobre.

Mientras, los capítulos que son más propios de un ensayo, arrojan un montón de datos de esos que te vuelan la cabeza una vez que los ves escritos negro sobre blanco.

El libro es una utopía solarpunk y como tal cree en la posibilidad de cambio, en que el mundo todavía se puede arreglar, aunque para ello hará falta una revolución radical que dinamite las bases del sistema.

Es incorrecto obedecer órdenes incorrectas.

Lo descubrí por una mención que hacen a él en el cómic «Cómo los ricos saquean el planeta y cómo impedírselo» que es un gran y sencillo acercamiento a la realidad climática y a qué podemos hacer para cambiarla.

Ambos títulos me parecen muy recomendables por ser de tremenda actualidad, estar bien documentados con sus referencias a datos y estudios, y facilitar la comprensión de un problema que es tremendamente complejo y difícil de abordar.

¡Inventen el poscapitalismo! El mundo lo necesita, es imprescindible para la supervivencia.

Desconectados

En ese momento la renta vital daba para poco más que un cubículo, una conexión y un sistema de alimentación y desechos. Por eso había gente que se pasaba todo el tiempo conectados, no tenían dinero para más, así que toda su vida se vivía en el ciberespacio donde, aunque no todo, aún quedaban muchas cosas gratis.

La tecnología no había evolucionado como se esperaba, no se había alcanzado la tan esperada y temida singularidad en Inteligencia Artificial, pero sí que se había logrado automatizar muchos trabajos, sobre todo los menos vitales, esos que cada vez que había una pandemia (algo muy habitual en las últimas décadas) podían quedarse en casa. Los que inicialmente eran abogados, arquitectos, jueces, funcionarios… Todos los que habían conformado la clase media se habían quedado sin trabajo los primeros. Nadie lo había visto venir….

Tras una introducción al nuevo mundo por una casualidad un policía descubre que hay personas que están muriendo pero sus avatares siguen funcionando e interaccionando y se pone q investigar pensando que una mafia los revende pero «plot twist» es una singularidad que ha tomado consciencia de si misma y ha determinado que esas personas con una existencia tan fútil no aportan nada ni son felices. El policía intenta acabar con la IA, pero está «plot twist» encuentra el modo de portarse al cerebro de todos los usuarios del cyberespacio de tal modo que aunque desconecten los servidores puede volver a tomar forma cuando les vuelven a conectar.

Acuáticos

Quizá no fue un sorprendente descubrimiento averiguar que muchos de los avistamientos ovnis no eran cosa de extraterrestres, pero desde luego lo fue saber que eran terrestres, subacuáticos para ser más exactos.

Cuando se presentaron a los terrestres ya manejaban varias de las lenguas de estos, y a si mismos se denominaron acuáticos por distinción con los terrestres, aunque los terrestres los solían llamar «escamosos» a sus espaldas.

Siendo ellos conscientes de lo peligrosos que eran los terrestres, que siempre andaban en guerras entre unos y otros, y cualquier amenaza por mínima que fuera les hacía disparar antes de preguntar. Así que esperaron a ser tecnológicamente muy superiores antes de presentarse.

Siempre se habían mantenido ocultos, pero ya no podían seguir así, los mares se estaban calentando y la monitorización de las comunicaciones mostraban que una amplia mayoría seguía sin abrir los ojos ante lo que le estaban haciendo al planeta. Era ahora o nunca.

A Simple Battle

It was supposed to be a battle of the utmost simplicity. It was just another one of the scenarios prepared for the maneuvers that the General had insisted on organizing to showcase the new technology and for the satisfaction of the high command.

It occupied four quadrants, a mountainous one to the west of an (abandoned, of course) city, a plain to the south with some wooded areas but without any places to hide. A perfect place to demonstrate how effective invisibility technology could be in combat. Anyone without such technology would be fortunate to take two steps without getting shredded.

Any enemy in the city would be watching the mountains from the watchtowers, while I could lead my armored unit through the southern plain without much concern.

Everything was going smoothly until we reached the middle of the plain, where any refuge was equally far away.

In a place like this, we could move quickly, and exposure wasn’t a problem. Only some state-of-the-art mines could pose a threat, and it wouldn’t have been worth it for anyone to mine that wasteland.

Suddenly, Boom! An explosion shook my vehicle. I quickly started requesting reports to find out what the heck had happened, but the radio was a mess, so I climbed out of the turret to get an idea of what had occurred. Tennessee’s tank, the Rolling Stone, was in flames, completely destroyed.

I quickly gave orders for the rest to disperse in an open formation while trying to get information from the command. Johnny was shouting that we needed to do something for them; he was young and unable to grasp that Tennessee and the others were already dead, and we would be soon if we didn’t do what we had to… «It must have had an engine failure!» Poor kid, despite peeking over my shoulder, he hadn’t noticed the rocket impact on the right side; that hadn’t been an accident.

– General, we have live fire, what the heck is going on?

– Brrt brrrrrt

– General Mason, this is Chameleon Leader. The Rolling Stone has been hit by what appears to be a ground missile with live ammunition. I request information and instructions. It’s like run through the jungle without vision of the enemy.

All my boys were racing as fast as their tank engines would go while the radio remained silent… Boom! That started everybody up.

– The Wild Side has fallen! – several reports said, this time more organized, over the radio.

I swallowed hard as my brain verbalized what I had to do. We were fortunate of stay alive yet.

– This is the commander, we’ve lost communication with command, and it’s clear that there’s some kind of enemy that can see us despite our invisibility. Switch to live fire and pound anything that moves out there. If any of you are near one of the wooded formations, abandon the tank and take cover; the rest activate White Rabbit mode, maybe they can’t see us or at least shoot us underground. Good luck, guys; I don’t know who we’re up against, but we’re at war, and it paints black.

Babel, o la necesidad de la violencia – R. F. Kuang

Babel, con ese subtítulo tan sugerente es un libro perfectamente redondo, que recomendaría a cualquier persona a la que le guste la fantasía y a cualquier persona a la que no le guste la fantasía.

La historia gira en torno a un grupo de chicos jóvenes (17-20 años) que entran en un instituto de Oxford que se dedica a la traducción y a la explotación de la magia que esconden las palabras.

El sistema de magia es muy sencillo, se basa en el grabado en plata de palabras y su traducción de tal modo que se desata la parte del significado que se pierde en la traducción. Por eso es un libro apto, también, para los ajenos a la fantasía ya que el sistema se asimila sin mayor dificultad.

En torno a esta «pequeñez» se plantea toda la geopolítica global, tratando en el libro temas tan serios como el imperialismo o la esclavitud sin rebajarlos ni tratarlos con frivolidad.

La historia tiene claros puntos de inflexión, que coincidirán con los cambios radicales que se producen en ese grupo de amigos, quienes se verán forzados a afrontar la realidad del mundo y a decidir qué camino desean tomar. De fondo, quedará siempre la eterna diatriba: violencia sí o violencia no. Y el lector, al igual que los jóvenes estudiantes, deberá elegir si es necesaria o si está justificada.

Como decía, el libro es redondo y acaba de un modo sublime. ¿Daría pie a una secuela? Por supuesto, pero… ¿qué necesidad hay?