Incendia el mundo

A veces nos venden la idea de que para cambiar el mundo hay que ser un político de primera fila, un millonario filántropo o un genio visionario con sede en Silicon Valley. Pues no. A veces basta con una persona corriente, con sus rarezas y sus contradicciones, que se planta y hace lo que cree justo.

Mira si no a José María Arrizmendiarreta. Chemari para los amigos, supondremos. Un cura. Sí, un cura. Yo, ateo y apóstata, fijándome en un cura, porque ni todos los ateos son buenos, ni todos los curas son pederastas.

Chemari estaba estudiando para sacerdote cuando estalló la Guerra Civil. Y en vez de bendecir fusiles, se alistó con los republicanos para defender a su gente. Luego vino el desastre, el PNV pactando su rendición en Santoña, los franquistas rompiendo la palabra dada y Chemari detenido. Algunos dicen que lo sentenciaron a muerte, otros que no… El caso es que se libró.

Tras la guerra, terminó de estudiar y lo enviaron a Mondragón. Año 41, posguerra dura, fábricas humeando, paro, hambre y un pueblo entero intentando sobrevivir. Allí, en medio del gris, Chemari se puso manos a la obra. Fundó escuelas para aprendices e ingenieros, tejió asociaciones, sembró ideas. Y de esas aulas salió un grupo de chavales que en 1956, con su apoyo y empuje, montaron Talleres ULGOR.

¿Que no te suena ULGOR? Espera. Esa fue la primera cooperativa de lo que hoy es el Grupo Mondragón: la mayor cooperativa industrial del mundo, más de 70.000 trabajadores-socios, donde el sueldo más alto no puede ser más de 10 veces el más bajo, y buena parte de los beneficios se reinvierten en la comunidad. Eroski, Kutxa, Fagor… sí, esa Fagor que igual está grabada en el microondas de tu cocina y que no es más que la marca que registraron los coperativistas de ULGOR.

Todo eso empezó porque un cura, al que por poco fusilan, decidió que otro modo de hacer las cosas era posible. Y no se quedó en decirlo: lo hizo.

La moraleja es clara: lo poco que hagas hoy, aunque parezca ridículo, puede ser un terremoto dentro de unos años. El mundo no lo cambian los superhéroes de película, sino las pequeñas acciones repetidas con cabezonería.

Así que deja de esperar al momento perfecto. Siembra ahora. Lo que plantes hoy puede ser, mañana, una revolución.

Babel, o la necesidad de la violencia – R. F. Kuang

Babel, con ese subtítulo tan sugerente es un libro perfectamente redondo, que recomendaría a cualquier persona a la que le guste la fantasía y a cualquier persona a la que no le guste la fantasía.

La historia gira en torno a un grupo de chicos jóvenes (17-20 años) que entran en un instituto de Oxford que se dedica a la traducción y a la explotación de la magia que esconden las palabras.

El sistema de magia es muy sencillo, se basa en el grabado en plata de palabras y su traducción de tal modo que se desata la parte del significado que se pierde en la traducción. Por eso es un libro apto, también, para los ajenos a la fantasía ya que el sistema se asimila sin mayor dificultad.

En torno a esta «pequeñez» se plantea toda la geopolítica global, tratando en el libro temas tan serios como el imperialismo o la esclavitud sin rebajarlos ni tratarlos con frivolidad.

La historia tiene claros puntos de inflexión, que coincidirán con los cambios radicales que se producen en ese grupo de amigos, quienes se verán forzados a afrontar la realidad del mundo y a decidir qué camino desean tomar. De fondo, quedará siempre la eterna diatriba: violencia sí o violencia no. Y el lector, al igual que los jóvenes estudiantes, deberá elegir si es necesaria o si está justificada.

Como decía, el libro es redondo y acaba de un modo sublime. ¿Daría pie a una secuela? Por supuesto, pero… ¿qué necesidad hay?

186 palabras

Eso era toda la información que podía mandar a la Tierra dada la situación del transmisor. 186 palabras pueden ser muy pocas para resumir una vida, para mandar unos “te quiero” y explicar por qué se había llegado a esta situación. Sin embargo, la vida parecía insignificante tan cerca de la muerte ¿qué había hecho que mereciera rememorarse? ¿Y los “te quiero”? ¿No llegaban un poco tarde si no los había dicho nunca antes? Desde luego, tardarían tanto que sería como si nunca los hubiera dicho.

Así que el comandante se ciñó a lo profesional, y para eso, con 186 palabras era más que suficiente: hemos entrado en el campo gravitacional del agujero negro que estábamos estudiando y no hay manera de sacar esta mole de nave de la atracción que nos arrastra. Nuestro tiempo a empezado a ralentizarse con respecto al de la Tierra, así que para cuando les llegue este mensaje quizá estén todos muertos, nosotros viviremos los próximos cinco minutos como una eternidad, incluso puede que veamos al “sol nova” tragarse a la Tierra. Suerte y no la caguen como nosotros.

El tormento de Schrödinger

Esta mañana, mientras debatía con mi psicóloga, me he visto explicando el principio de indeterminación de Heisenberg y la paradoja del gato de Schrödinger. Dado que estaba con la mente en otro asunto y no estaba preparado para hacer ese cambio de tema (y aún así lo hice), me he quedado con la sensación de haberlo hecho mal… fatal, de hecho. Así que vengo a este paño de lágrimas que es mi blog a resarcirme para no darle más la turra a la pobre, que bastante me tiene que aguantar 🙂

El gato de Schrödinger es un experimento teórico que propuso Erwin Schrödinger para ridiculizar la interpretación predominante de la mecánica cuántica, según la cual una partícula puede estar en dos estados a la vez de forma simultánea.

En este experimento se plantea que hay un gato encerrado dentro de una caja metálica sellada. En su interior, hay un mecanismo con un veneno que se activa —o no— dependiendo de si un átomo radiactivo se descompone o no. Según la teoría cuántica, hasta que no se observe, el átomo puede considerarse descompuesto y no descompuesto al mismo tiempo, manteniéndose en ambos estados simultáneamente. Para Schrödinger, esto era una locura, y por eso propuso este experimento, que lleva a la paradoja de que el gato estaría vivo y muerto a la vez hasta que se abra la caja y se observe el estado del átomo.

Dado que resulta evidente que ningún ser vivo puede estar vivo y muerto a la vez, Schrödinger pretendía ridiculizar esa interpretación. Sin embargo, con el tiempo se ha demostrado que la teoría es correcta, y su experimento, lejos de ser una refutación, ha ayudado a explicar cómo funciona la mecánica cuántica y cómo las partículas subatómicas pueden mantenerse en dos estados a la vez hasta que son observadas, momento en el cual se define uno de los dos.

Esta naturaleza incierta de las partículas se relaciona también con el principio de indeterminación de Heisenberg (el de Breaking Bad), que establece que no es posible conocer con precisión al mismo tiempo la posición y la velocidad (o cantidad de movimiento) de una partícula como un electrón. Cuanto más precisamente se conoce una de estas variables, más incierta se vuelve la otra. Este principio no es una limitación tecnológica, sino una propiedad fundamental del mundo cuántico.

Otro concepto esencial es el «spin», una propiedad cuántica intrínseca de partículas como los electrones, que no tiene un equivalente directo en el mundo clásico, aunque a veces se lo imagine como una especie de giro. El spin puede adoptar dos estados (por ejemplo, «arriba» o «abajo», o «izquierda» y «derecha»), y en la computación cuántica se aprovecha esta dualidad, junto con la superposición y el entrelazamiento cuántico, para crear bits cuánticos o qubits. A diferencia de los bits clásicos, que sólo pueden ser 0 o 1, los qubits pueden estar en una superposición de ambos estados a la vez, lo que permite realizar ciertos tipos de cálculos de forma mucho más eficiente que en un ordenador tradicional.

Aunque este ejercicio se use ahora para un fin completamente contrario al que se planteó, y probablemente haga que Erwin se remueva un poco en su tumba, no hay que quitarle merito al tipo, que era un absoluto crack. Baste decir, que el ejercicio se lo propuso al mismísimo Einstein en la correspondencia que mantenían para debatir ideas.

Erwin Schrödinger fue austriaco, y sobrevivió a las dos guerras mundiales. Por si eso fuera poco, recibió el premio Nobel por desarrollar una ecuación que lleva su nombre (ecuación de Schrödinger), ahí es nada. Lo del gato puede que le pese, pero ha estar tremendamente orgulloso de sus logros y aportes a la física.

* Imagen de la Quinta Conferencia Solvay (1927) obtenida de la Wikipedia. Schrödinger está en el centro de la fila de atrás con abrigo gris.

Enano Rojo, la(s) novela(s)

Hoy en día es muy habitual ver series o películas basadas en libros. No es tan habitual ver lo contrario, y eso es lo que traemos hoy: una serie de libros basada en una serie de televisión.

Enano Rojo fue una serie de la BBC, que todo el mundo dice que es genial. Yo no tengo el gusto de haberla visto, por eso mi experiencia de lectura es distinta a la que podría tener un fan de la serie.

Esta serie de libros está escrita por los creadores de la serie: Rob Grant y Doug Naylor. Los dos primeros libros (La novela y Mejor que la vida) están escritos a 4 manos, mientras que los dos últimos (Hacia atrás y Último Humano) los escribieron por separado.

El orden de publicación fue:

  1. La novela
  2. Mejor que la vida
  3. Último humano
  4. Hacia atrás

Mientras que el orden de lectura que recomiendan en todos sitios si quieres que la historia tenga cierta continuidad es:

  1. La novela
  2. Mejor que la vida
  3. Hacia atrás
  4. Último humano

Tanto la narración como la historia subyacente de los libros recuerda una barbaridad a la trilogía de cinco partes que escribió Douglas Adams. También estaba basada en una serie (radiofónica) y trata sobre la vida, el universo y todo lo demás. También hay correspondencia entre sus personajes y en lo cómico de una historia que esconde giros completamente inesperados.

En esta, seguimos las andanzas de la Enano Rojo, una nave minera, y de sus habitantes atravesando el universo y el tiempo.

Es muy difícil explicar su argumento sin hacer muchos spoilers, pero puedo decir que hay un protagonista joven y desenfadado, que tiene rastas y un serio problema con la autoridad (Lister). Está su alter ego, un pelota encorsetado llamado Rimmer. Una máquina súper inteligente con ciertos problemas mentales (Holly). La chica amada eternamente por el prota (Kristine Kochanski). Y el simpático compañero raro (Gato).

Cualquiera que haya leído La Guía tendrá muy fácil encontrar los personajes de ella que se corresponden a estos.

Los libros en sí, como digo, son muy divertidos y con giros de lo más inesperado y cierran siempre con un cliffhanger. Además son cortitos y no se andan por las ramas, con lo que su lectura es ágil y ligera, y consigue que siempre quieras más.

Los dos primeros (La Novela y Mejor que la vida) son mucho más que correctos, mientras que el tercero (Hacia atrás) me parece una obra maestra. El primer tercio de sus páginas es toda una proeza narrativa que el autor consigue resolver sin forzar al lector a gastar neuronas de más. Sólo por ese trozo ya merece la pena la lectura de toda la saga.

Sin embargo, no puedo decir lo mismo del cuarto (Último humano, que se publicó en tercer lugar). Quizá sea porque rompe con la trama de la historia principal de los otros libros, quizá por el claro cambio en el modo de escribir o que los giros dejen de ser tan inesperados. La cuestión es que viniendo de una obra maestra, leer este cuarto libro da auténtica pereza. Tanto es así que lo acabé dejando a medias. No sigue el hilo de la historia, ni siquiera encajaría bien si se leyese en tercer lugar, contradice algunas de las cosas descritas en los dos primeros tomos y lo que para mi es más grave en una historia de ciencia ficción: plantea una física que no funciona, las situaciones son imposibles porque la física nunca funcionará como el autor da a entender.

Como resumen, sólo puedo decir que si te enfrentas a enano rojo tendrás unas horas realmente apasionantes, hasta que llegues al último libro. Ahí queda la incertidumbre, porque quién sabe, quizá a ti te guste.

¡Qué viene el hombre!

En el debate sobre el estado del bosque los ciervos pidieron ayuda alarmados porque el hombre les estaba matando sin medida. – Tienes que entender que no podemos tomar partido, es algo entre tú y el hombre. Posicionarnos a favor de uno o del otro no sería correcto. – ¡Pero también ha matado a muchos lobos! No es cosa nuestra sólo. En ese momento intervinieron los afectados.

– Por alusiones. Aunque efectivamente algunos lobos han caído, no nos identificamos con ellos pues erran rebeldes y no se supieron adaptar a los nuevos tiempos. El hombre es nuestro amigo. Si bien es cierto que cuando está de mal humor nos puede lanzar alguna patada, seguramente por haber hecho algo mal, si le lamemos la mano nos suele echar algo de comer, o incluso nos acaricia y nos deja compartir su fuego. Así que a nosotros no nos metáis.

Tras mucho revuelo, intercambio de opiniones y excusas, se aceptó por votación con el único voto en contra de los ciervos que el hombre, como cualquier otro animal, tiene derecho a cazar cuanto quiera.

Al siguiente debate sobre el estado del bosque los ciervos no acudieron, y esta vez eran los jabalíes los que se quejaban de una caza excesiva, aunque esa cuestión ya había quedado zanjada en el anterior debate. Los jabalíes intentaron meter en el debate la tala de algunos árboles del linde, pero a nadie le pareció importante. Por último, los lobos plantearon que el hombre como animal habitante del bosque debía ser aceptado en los debates, algo a lo que todos vieron sentido.

Pasó el tiempo, ni los jabalíes ni los ciervos se presentaron en el siguiente debate, pero esta vez los zorros intervinieron. -¡El hombre nos está matando de manera ilegal! Ni siquiera lo hace para comer, nos despelleja y nos deja tirados… -Ejem, perdonen hermanos del bosque- interrumpió el hombre- no podemos permitir esas acusaciones infundadas, nosotros respetamos todas las decisiones que ha tomado esta asamblea que nos reconoció el derecho a cazar cuanto quisiéramos como animales del bosque

-Pero aquella norma llevaba el sentido de la caza de herbívoros como los ciervos o los jabalíes. Los zorros como carnívoros somos menos y nuestros únicos depredadores nos cazan muy excepcionalmente. – Eso no se especifica en la norma y las decisiones tomadas no se pueden cambiar y son inamovibles. Hay que mantener las costumbres, ¿o vamos a ir cambiando las normas según favorezcan o no a un animal que nos cae mejor que otro? ¡Eso es discriminación contra el hombre!

-Gracias hermano lobo. Nosotros hemos sido siempre una parte más de esta comunidad, nuestros antepasados se han movido por este bosque durante miles de años, pero acataremos cualquier decisión del consejo absteniéndonos en la votación.

Nuevamente el consejo falló a favor del hombre: las normas no pueden modificarse a conveniencia.


En el siguiente debate del estado del bosque ya eran bastantes menos las especies representadas, y muchas de las que estaban ya convivían con el hombre de un modo u otro. En esta ocasión las ardillas intervinieron. – La tala indiscriminada de árboles nos está dejando sin casas y sin alimentos, y ya no sólo es en los lindes que hacen que el bosque sea cada vez más pequeño, si no que además hacen caminos por mitad que nos impide llegar a cualquier sitio saltando de árbol en árbol.

– Bueno, no será para tanto. Además¿cuánto espacio necesitan unos minúsculos roedores para vivir? Nunca hubo norma contra la tala, y siempre hemos cortado árboles para cubrir nuestras necesidades. Ahora ni siquiera lo hacemos por nosotros si no que además de nuestras casas construimos corrales y cercados para esos animales que han decidido por propia voluntad convivir con nosotros. Además necesitamos hacer caminos pues no nos resulta tan fácil como a vosotras atravesar el bosque que es de todos.

Cómo ya se había determinado que no se podían hacer normas del bosque específicas a favor o en contra de unos animales u otros, no salió ninguna decisión de ese debate. Además era cierto que era tradición que el hombre usase madera y las tradiciones hay que mantenerlas.

En el siguiente debate del estado del bosque había muchos menos animales representados y el mismo bosque en sí ya no era ni la mitad de lo que era. – Esto es una tontería y una perdida de tiempo, propongo que en adelante sea el hombre quien tome todas las decisiones respecto al bosque ya que es amigo de todos y mira por nuestro bien.- dijeron los lobos.

– Eso no es cierto, a nosotros nos persigue y pone trampas- dijeron los ratones. – Eso es porque os metéis en sus graneros y le coméis la cosecha- ladraron los lobos, que curiosamente habían dejado de aullar y sólo ladraban. – Pero es que está esquilmando la comida del bosque, ¡algo tenemos que comer! – Haya paz- intervino el hombre – es cierto que ha sido un año duro para el bosque y aunque no sea por nuestra culpa, colaboraremos y compartiremos nuestras cosechas con todos los animales.

Con esa promesa no pudo fallar y con una amplia mayoría se aceptó que el hombre rigiera las normas del bosque en adelante, quitando al resto de especies del peso de tener que tomar decisiones tras largos debates. Al año siguiente a penas quedaban ratones porque el hombre no había cumplido su promesa, pero ya no quedaba modo de enfrentarse a sus actos siguiendo las normas, pues él tenía el poder y hacia y deshacía las normas a su antojo.

Mazinger Z, el robot de las estrellas

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Los live-action pueden parecer algo muy moderno, pero antes de que los ordenadores permitieran crear una versión realista de un extraterrestre como Stitch ya había quien intentaba explotar las franquicias, incluso sin tener sus derechos.

Hoy hablamos de «Mazinger Z, el robot de las estrellas» (spoiler: ni es un robot, ni de las estrellas, ¡ni siquiera es Mazinger!).

«Mazinger Z, el robot de las estrellas» es una película de lo más surrealista, pero no sólo por lo malísima que es, sino también por cómo se hizo y cómo se vendió.

Primero, lo primero. Esta peli la tenéis en «abierto» en Archive.org, ese sitio que se encarga de conservar la historia de Internet, así que la podéis ver sin necesidad de poneros el parche pirata, que es lo que suele pasar con estas «joyas» descatalogadas.

Cuando ves esta película, lo primero que salta a la vista es que Mazinger parece un poco raro. Además, en lugar de «¡Puños fuera!» el conductor grita «¡Puño de hierro!», además muchas escenas parecen inconexas y hay cosas tremendamente distintas al anime original de la franquicia de Mazinger Z creado por Gō Nagai.

Ya se sabe que si pesa como un pato quiere decir que es de madera y por tanto una bruja. La misma lógica se puede aplicar aquí y si no se parece a Mazinger, ni habla como Koji Kabuto, ni hay más de Mazinger que el nombre… ¡Puede que no sea Mazinger!

Poco hay que indagar para descubrir que esta película se llamó en «todos lados» The Iron Superman. Una película creada remezclando las imágenes de la serie Super Robot Mach Baron y grabando nuevos primeros planos de los protagonistas.

Al traerla a Europa, los productores decidieron aprovechar el tirón de la serie de animación y le cambiaron el nombre, la música y se inventaron nombres para los actores y el personal. De locos.

En España, tuvo muchísimo éxito e incluso se creó una línea de comics basada en la película.

No es una peli que se vaya a disfrutar mucho, pero se puede poner de fondo mientras tomas unas galimbas con los colegas para disfrutar de los ataques de los futbolistas karatecas, las risas pueden ser buenas.

El resumen, la peli ni tiene un robot (es un señor disfrazado, obvio), ni viene de las estrellas (el señor) y ni siquiera el disfraz es de Mazinger. Ahora, depende de con qué espíritu la afrontes puede que pases un buen rato (o que sea el peor de tu vida).