Focus

Tras mudarnos cerca de la mar, un capricho que nos dábamos a diario mi perro y yo, era acercarnos a la playa a dar un paseo en cuanto los primeros rayos de sol nos hacían abrir los ojos.

Paseábamos, nos bañábamos y cuando había olas grandes él corría asustado. Primero se acercaba ladrando cuando se recogían y luego escapaba a todo correr cuando las olas volvían a por él.

Un día, en uno de estos paseos matutinos vimos algo a lo lejos, era blanco y no muy grande, pero parecía que se movía un poco.

Aler, mi perro, se acercó a todo correr y vi cómo al llegar mantenía la distancia y poco a poco se acercaba olisqueando y acariciando con el hocico a lo que fuese que estaba en la orilla.

Al alcanzarle pude ver que eso junto a lo que se había quedado tumbado era una cría de foca, ¿o era un león marino? Nunca recuerdo cual es el que tiene orejas y cual es el que no.

Nos quedamos junto a la cría un tiempo, oteando el horizonte sin conseguir ver a su madre, mientras manteníamos húmeda a esa cosita blanca que aunque al principio parecía aterrada, empezaba a sentirse cómoda con nosotros.

Tras más de una hora pasó el primer paisano de la mañana, un vecino al que apenas conocía de poca más que de «hola» y «adiós».

Le enseñé a la cría y me dijo que algunos años había pasado. Seguramente la madre mientras buscaba comida se había encontrado con un depredador, posiblemente pescadores, y ya no podría volver con la cría. Alguna vez habían llamado a las autoridades pero esas crías necesitan una atención constante que los funcionarios no les daban y no salían adelante. Lo único que se lograba era alargar su agonía un poquito más. Que lo mejor era asumir que ya estaba muerta… Así es la naturaleza.

Tras esas palabras siguió su camino como si nada.

¿Asumir que ya estaba muerta? Se movía y hacía ruiditos ¿cómo íbamos a abandonarla sin más?

En ese momento ni se me ocurrió mirar en Internet, actúe por instinto. Cogí una toalla que llevaba conmigo, la empapé, envolví a la pobre cría y la cogí en brazos. Pesaba más de lo que parecía, y al principio se revolvió mucho, pero enseguida se calmó y pudimos echar a andar de camino a casa.

Una vez en casa ya pude pensar con más calma, y aunque no conocía a nadie que supiera de fauna marina pregunté al bot buscador cuál era la mejor forma de intentar mantener a la cría con vida.

Fueron unos meses difíciles, tanto Aler como yo nos pasamos junto a ella, Focus la llamamos, casi todo el tiempo.

En cuanto la vi con fuerzas volvimos a ir a la playa, pero en lugar de paseando nos acercábamos los tres en mi destartalado coche. Allí los tres jugábamos, y Aler dejó de tenerle miedo a las olas grandes gracias a que no quería dejar a Focus sola, que ya cada vez era menos cría.

Alguna vez nos cruzamos con aquel paisano que siempre nos miraba con una mezcla de estupor y alegría. Y pasados varios meses se acercó a nosotros y me estuvo hablando. Faltaba poco para que las focas volvieran a pasar por la zona, y lo mejor para ella sería llevarla en barca a mar abierto para que se juntase con otras focas.

Lo pensé mucho, y tenía razón. Aunque en el jardín le había hecho un pequeño estanque, la tierra firme no era un lugar adecuado para una foca. A veces hay que dejar ir a quien quieres, aunque no sabía cómo explicarle eso a Aler.

Llegado el momento hablé con el Pirata, tenía un barco pequeño pero muy marinero, que podría llevarnos hasta donde fuera necesario.

Lo más difícil fue salir de casa dejando allí a Aler. Se puso a ladrar y llorar como un loco, no entendía por qué su manada le abandonaba… Llevábamos muchos meses sin separarnos los tres.

Fueron varios días los que tuvimos que salir, y al ver que siempre regresábamos los dos, empezó a tomarse nuestras escapadas en solitario con más calma.

Sin embargo llegó el día, el Pirata y yo encontramos un grupo de focas, y Focus enseguida se lanzó a jugar con ellas. Primero sin alejarse del barco, pero poco a poco se fue envalentonado y cogiendo más distancia. Estaba claro que la habían aceptado, así que el Pirata y yo nos dimos media vuelta y nos alejamos lo más rápido que aquel viejo cascarón podía. Al darse cuenta, Focus hizo ademán de seguirnos unos cientos de metros, se me partía el alma, pero al final se dio por vencida y se quedó quieta viendo como la dejábamos atrás. Cuando estábamos ya muy lejos vi a través de unos prismáticos que volvía con sus nuevas amigas… Al menos un consuelo.

Al llegar a casa todo fue un drama, Aler se puso histérico al no ver a Focus, subía y bajaba del coche sin parar. Olfateaba y gemía hasta que pareció entender que ya no estaba.

Los siguientes días fueron muy duros, apenas interaccionaba conmigo y en nuestros paseos matutinos no se acercaba al agua, ni corría, ni nada. Me preocupaba, pero no había mucho que yo pudiera hacer.

Sin embargo, al séptimo día, mientras dábamos nuestro, ahora melancólico, paseo oímos un ruido. Aler en seguida se puso atento y venteó hasta que salió disparado como un rayo. Cuando le alcancé estaba en al agua jugando con Focus y otro par de sus amigas que se habían acercado a la orilla. La fiesta duró un rato hasta que las focas se alejaron y aunque Aler inicialmente las siguió mientras yo le llamaba desesperado, llegó un momento en que como había hecho con anterioridad Focus se paró y las observó alejarse. En ese momento debió de entender que tenía que dejarla marchar y se dió la vuelta y volvió a mi lado, pero esta vez todo había cambiado, estaba contento y juguetón, me daba besos y saltaba. Supongo que el hecho de tener ocasión de despedirse, de ver que Focus estaba bien,  le había devuelto la alegría.

Desde entonces, en nuestro paseo matutino, lo primero que hace al llegar a la playa es ventear buscando a Focus, y yo espero el día en que salga corriendo como un rayo para que podamos reunirnos con ella otro ratito. Quién sabe, quizá el próximo año.

—————————

Tras mudarnos cerca del mar, un capricho que nos dábamos a diario mi perro, y yo era acercarnos a la playa a dar un paseo en cuanto los primeros rayos de sol nos hacían abrir los ojos.

Paseábamos, nos bañábamos y cuando había olas grandes él corría asustado. Primero se acercaba ladrando cuando se recogían, y luego escapaba a todo correr cuando las olas volvían a por él.

Un día, en uno de estos paseos matutinos, vimos algo a lo lejos, era blanco y no muy grande, pero parecía que se movía un poco.

Aler, mi perro, se acercó a todo correr y vi cómo al llegar mantenía la distancia y poco a poco se acercaba olisqueando y acariciando con el hocico a lo que fuese que estaba en la orilla.

Al alcanzarle pude ver que eso junto a lo que se había quedado tumbado era una cría de foca, ¿o era un león marino? Nunca recuerdo cuál es el que tiene orejas y cuál es el que no.

Nos quedamos junto a la cría un tiempo, oteando el horizonte sin conseguir ver a su madre, mientras manteníamos húmeda a esa cosita blanca que, aunque al principio parecía aterrada, empezaba a sentirse cómoda con nosotros.

Tras más de una hora pasó el primer paisano de la mañana, un vecino al que apenas conocía más que de «hola» y «adiós».

Le enseñé a la cría y me dijo que algunos años habían pasado. Seguramente la madre, mientras buscaba comida, se había encontrado con un depredador, posiblemente pescadores, y ya no podría volver con la cría. Alguna vez habían llamado a las autoridades, pero esas crías necesitan una atención constante que los funcionarios no les daban y no salían adelante. Lo único que se lograba era alargar su agonía un poquito más. Que lo mejor era asumir que ya estaba muerta… Así es la naturaleza.

Tras esas palabras siguió su camino como si nada.

¿Asumir que ya estaba muerta? Se movía y hacía ruiditos, ¿cómo íbamos a abandonarla así nomás?

En ese momento ni se me ocurrió mirar en Internet, actué por instinto. Cogí una toalla que llevaba conmigo, la empapé, envolví a la pobre cría y la cogí en brazos. Pesaba más de lo que parecía, y al principio se revolvió mucho, pero enseguida se calmó y pudimos echar a andar de camino a casa.

Una vez en casa ya pude pensar con más calma, y aunque no conocía a nadie que supiera de fauna marina, pregunté al bot buscador cuál era la mejor forma de intentar mantener a la cría con vida.

Fueron unos meses difíciles, tanto Aler como yo nos pasábamos junto a ella, Focus la llamamos, casi todo el tiempo.

En cuanto la vi con fuerzas, volvimos a ir a la playa, pero en lugar de pasear íbamos los tres en mi destartalado coche. Allí los tres jugábamos, y Aler dejó de tenerle miedo a las olas grandes gracias a que no quería dejar a Focus sola, que ya cada vez era menos cría.

Alguna vez nos cruzamos con aquel paisano que siempre nos miraba con una mezcla de estupor y alegría. Y pasados varios meses se acercó a nosotros y me estuvo hablando. Faltaba poco para que las focas volvieran a pasar por la zona, y lo mejor para ella sería llevarla en barca a mar abierto para que se juntara con otras focas.

Lo pensé mucho, y tenía razón. Aunque en el jardín le había hecho un pequeño estanque, la tierra firme no era un lugar adecuado para una foca. A veces hay que dejar ir a quien quieres, aunque no sabía cómo explicarle eso a Aler.

Llegado el momento, hablé con el Pirata, tenía un barco pequeño pero muy marinero, que podría llevarnos hasta donde fuera necesario.

Lo más difícil fue salir de casa dejando allí a Aler. Se puso a ladrar y llorar como un loco, no entendía por qué su manada le abandonaba… Llevábamos muchos meses sin separarnos los tres.

Fueron varios días los que tuvimos que salir, y al ver que siempre regresábamos los dos, empezó a tomarse nuestras escapadas en solitario con más calma.

Sin embargo, llegó el día, el Pirata y yo encontramos un grupo de focas, y Focus enseguida se lanzó a jugar con ellas. Primero sin alejarse del barco, pero poco a poco se fue envalentonando y cogiendo más distancia. Estaba claro que la habían aceptado, así que el Pirata y yo nos dimos media vuelta y nos alejamos lo más rápido que aquel viejo cascarón podía. Al darse cuenta, Focus hizo ademán de seguirnos unos cientos de metros, se me partía el alma, pero al final se dio por vencida y se quedó quieta viendo cómo la dejábamos atrás. Cuando estábamos ya muy lejos vi a través de unos prismáticos que volvía con sus nuevas amigas… Al menos un consuelo.

Al llegar a casa todo fue un drama, Aler se puso histérico al no ver a Focus, subía y bajaba del coche sin parar. Olfateaba y gemía hasta que pareció entender que ya no estaba.

Los siguientes días fueron muy duros, apenas interaccionaba conmigo y en nuestros paseos matutinos no se acercaba al agua, ni corría, ni nada. Me preocupaba, pero no había mucho que yo pudiera hacer.

Sin embargo, al séptimo día, mientras dábamos nuestro, ahora melancólico, paseo, oímos un ruido. Aler enseguida se puso atento y venteó hasta que salió disparado como un rayo. Cuando le alcancé estaba en el agua jugando con Focus y otro par de sus amigas que se habían acercado a la orilla. La fiesta duró un rato hasta que las focas se alejaron y aunque Aler inicialmente las siguió mientras yo le llamaba desesperado, llegó un momento en que como había hecho con anterioridad Focus se paró y las observó alejarse. En ese momento debió de entender que tenía que dejarla marchar y se dio la vuelta y volvió a mi lado, pero esta vez todo había cambiado, estaba contento y juguetón, me daba besos y saltaba. Supongo que el hecho de tener ocasión de despedirse, de ver que Focus estaba bien, le había devuelto la alegría.

Desde entonces, en nuestro paseo matutino, lo primero que hace al llegar a la playa es ventear buscando a Focus, y yo espero el día en que salga corriendo como un rayo para que podamos reunirnos con ella otro ratito. Quién sabe, quizá el próximo año.

————————————-

Un capricho que nos dábamos a diario mi perro, y yo era acercarnos a la playa a dar un paseo al amanecer. Paseábamos, nos bañábamos y cuando había olas grandes él corría asustado.

En uno de estos paseos matutinos, vimos algo a lo lejos, era blanco y no muy grande, pero parecía que se movía un poco. Aler, mi perro, se acercó a todo correr y vi cómo poco a poco se acercaba olisqueando y acariciando con el hocico.

Al alcanzarle pude ver se había tumbado junto a una cría de foca. Nos quedamos junto a ella pero su madre no aparecía.

Tras más de una hora pasó el primer paisano de la mañana, un vecino al que apenas conocía más que de «hola» y «adiós». Me dijo que algunos años habían pasado. Seguramente la madre, mientras buscaba comida, se había encontrado con un depredador. Que lo mejor era asumir que ya estaba muerta… Así es la naturaleza.

Tras esas palabras siguió su camino como si nada.

¿Asumir que ya estaba muerta? Se movía y hacía ruiditos, ¿cómo íbamos a abandonarla sin más?

La llevamos a casa y gracias a Internet conseguimos mantenerla con vida.

Fueron unos meses difíciles, tanto Aler como yo nos pasábamos junto a ella, Focus la llamamos, casi todo el tiempo.

En cuanto la vi con fuerzas, volvimos a ir a la playa, pero en lugar de pasear íbamos los tres en mi destartalado coche. Allí jugábamos, y Aler dejó de tenerle miedo a las olas grandes gracias a que no quería dejar a Focus sola.

Alguna vez nos cruzamos con aquel paisano que siempre nos miraba con una mezcla de estupor y alegría. Pasados varios meses se acercó a nosotros. Faltaba poco para que las focas volvieran a pasar por la zona, y lo mejor para ella sería llevarla a mar abierto para que se juntara con otras focas.

Lo pensé mucho, y tenía razón. Aunque en el jardín le había hecho un pequeño estanque, la tierra firme no era un lugar adecuado para una foca. A veces hay que dejar ir a quien quieres, aunque no sabía cómo explicarle eso a Aler.

Llegado el momento, hablé con el Pirata, tenía un barco pequeño pero muy marinero, que podría llevarnos hasta donde fuera necesario.

Lo más difícil fue salir de casa dejando allí a Aler. Se puso a ladrar y llorar como un loco, no entendía por qué su manada le abandonaba… Llevábamos muchos meses sin separarnos los tres.

Fueron varios días los que tuvimos que salir, y al ver que siempre regresábamos los dos, empezó a tomarse nuestras escapadas en solitario con más calma.

Sin embargo, llegó el día, el Pirata y yo encontramos un grupo de focas, y Focus enseguida se lanzó a jugar con ellas. Primero sin alejarse del barco, pero poco a poco se fue envalentonando y cogiendo más distancia. Estaba claro que la habían aceptado, así que el Pirata y yo nos dimos media vuelta y nos alejamos lo más rápido que aquel viejo cascarón podía. Al darse cuenta, Focus hizo ademán de seguirnos unos cientos de metros, se me partía el alma, pero al final se dio por vencida y se quedó quieta viendo cómo la dejábamos atrás. Cuando estábamos ya muy lejos vi a través de unos prismáticos que volvía con sus nuevas amigas… Al menos un consuelo.

Al llegar a casa todo fue un drama, Aler se puso histérico al no ver a Focus, subía y bajaba del coche sin parar. Olfateaba y gemía hasta que pareció entender que ya no estaba.

Los siguientes días fueron muy duros, apenas interaccionaba conmigo y en nuestros paseos matutinos no se acercaba al agua, ni corría, ni nada. Me preocupaba, pero no había mucho que yo pudiera hacer.

Sin embargo, al séptimo día, mientras dábamos nuestro, ahora melancólico, paseo, oímos un ruido. Aler enseguida se puso atento y venteó hasta que salió disparado como un rayo. Cuando le alcancé estaba en el agua jugando con Focus y otro par de sus amigas que se habían acercado a la orilla. La fiesta duró un rato hasta que las focas se alejaron y aunque Aler inicialmente las siguió mientras yo le llamaba desesperado, llegó un momento en que como había hecho con anterioridad Focus se paró y las observó alejarse. En ese momento debió de entender que tenía que dejarla marchar y se dio la vuelta y volvió a mi lado, pero esta vez todo había cambiado, estaba contento y juguetón, me daba besos y saltaba. Supongo que el hecho de tener ocasión de despedirse, de ver que Focus estaba bien, le había devuelto la alegría.

Desde entonces, en nuestro paseo matutino, lo primero que hace al llegar a la playa es ventear buscando a Focus, y yo espero el día en que salga corriendo como un rayo para que podamos reunirnos con ella otro ratito. Quién sabe, quizá el próximo año.

El punk

Si obviamos temas concretos, como ese Demolición de los Saicos (Lima, 1965), la escena punk tomó forma como un ente con definición propia a mitad de los 70.

En abril del 76, los Ramones publicaban en Nueva York un álbum «sin nombre» que en 29’16” escupía 14 temas que no podían hacer otra cosa que ser directos e ir al grano.

Casi un año y medio después (un día más tarde), en la otra costa del Atlántico, los Sex Pistols repetían una fórmula similar con su «Never Mind the Bollocks, here’s the Sex Pistols», traducible al castellano como «A la mierda las tonterías, llegan los Sex Pistols». Este lanzamiento de 12 temas en 38’45” reafirmaba un estilo que ya era global.

Más allá de su estética, que nunca ha llegado a desaparecer en algunas escenas pero que actualmente parece volverse una moda mainstream, el punk acostumbra a ser directo, reivindicativo y contrario al establishment que oprime con sus normas impuestas (legales y sociales). Temas rápidos y sin florituras, en muchos casos propiciados por la falta de conocimientos musicales, eran expuestos con una energía y crudeza en la que no se adornaban ni siquiera los ritmos o las letras, que decían lo que tenían que decir.

Posteriormente, se fueron subiendo al carro otros grupos que, sabiendo mucho de música, pudieron permitirse el uso de metáforas o la fusión con otros estilos más establecidos en algunos lugares, como el reggae o su precursor el ska. Demostrando que el punk era un estilo que recorría todo el globo terráqueo y se había hecho un espacio de pleno derecho representando las frustraciones de toda una generación de manera global.

La burla como herramienta para el igualitarismo

En el cine y la televisión es habitual ver las sociedades primivitivas ilustradas como aquellas en las que reina el más fuerte. El más poderoso es el que manda y al que todo el mundo sigue. Sin embargo, las pruebas que tenemos a día de hoy no avalan que eso sea así.

En los yacimientos pre-neolíticos europeos, que son los de los cazadores-recolectores que se dieron antes de la agricultura y la acumulación, todas las tumbas son bastante similares sin constar grandes distinciones entre unos y otros muertos como suele pasar en las sociedades jerárquicas.

Además, algunas de las sociedades «poco avanzadas» (según cánones de civilización de occidente) que han llegado hasta nuestros días como sociedades de cazadores-recolectores, que han sido estudiadas como ejemplos de cómo se viviría en la prehistoria, nos enseñan que esto no es así. Toman las decisiones por consenso, se reparte la caza y la comida entre todos sus miembros, y si alguien acumula prestigio o riqueza le «bajan los humos» con burlas.

Entre cazadores-recolectores se valora mucho la cooperación porque de ella depende la supervivencia. El prestigio se gana compartiendo, no dominando. Un buen cazador no se engrandece: reparte carne y a menudo finge modestia para no romper la igualdad.

De este modo, se usa la burla, la crítica abierta y la ridiculización como una herramienta de control social.

Por ejemplo, entre los !Kung San del Kalahari, que mantuvieron su estilo de vida semi-nómada hasta 1970, si un cazador lograba una gran presa que proveyese abundancia a la tribu, los otros miembros harían mofa diciendo que no era para tanto, que la presa era un saco de huesos.

Un mecanismo similar se observó entre los Inuit del ártico, que cuando alguien se volvía arrogante o egoísta se hacía mofa de él, y si persistía en su actitud se podía llegar a ignorarle y hacer el vacío hasta que volviese a ser un miembro humilde de la comunidad.

Estas dinámicas se repiten en distintas sociedades tribales de las que han llegado «intactas» a la edad moderna. Y aunque no todas sean así, demuestran que se puede vivir en comunidad sin necesidad de jefes, sin necesidad de imponer un estado que controle y rija imponiéndose por la fuerza.

Quizás, a día de hoy deberíamos apostar más como sociedad por los Ignatius que hacen mofa de Amancios, que por los políticos que buscan militarizar las ciudades.

El legado

Ya estaba el abuelo con su historia de siempre ¡Siempre igual! – Vosotros no lo vivisteis, pero el problema ya había empezado incluso antes de que la gente se empezase a preocupar por él y a salir en los medios y comentarse en las tertulias de los expertos en todo. Hasta ese momento nadie parecía darse cuenta de la ironía de que un bot te pidiese que demostrase si eras una persona o un bot… ¡Y al principio al menos te lo preguntaba! Aunque la forma de demostrarlo solía ser ayudarles a entrenar

Poco tiempo después la gente se alegró de no tener que resolver esos «puzzles» tan tediosos que te preguntaban, no se dieron cuenta de lo preocupante que era que el bot ya supiera si eras un bot o no antes de que hicieras nada.

Cuando empezó a popularizarse y saltó a los medios la Inteligencia Artificial nadie veía más allá de si se perderían trabajos o se crearían nuevos. Algunos calmaban las aguas prometiendo que todo el mundo recibiría lo necesario para vivir sin trabajar ¡Y se lo creyeron!

¡La gente se lo cree todo! En aquella época, había una cosa que se llamaba «democracia» ¡Ay si los griegos levantasen la cabeza! Se elegía quien iba a tomar decisiones en nombre de todos y en ese entonces es en el que empezó a ganar en cada país el que más mentía sin ruborizarse… Así nos fue, y así os hemos dejado este mundo… La generación anterior a la mía… algunos, se lamentaba de que eran los primeros que nos dejaban las cosas peor de cómo se las habían encontrado.

Ni que hubiera sido un reto, madre mía, que mundo os dejo. + Bueno abuelo, tan malo no es ¿No? – Tú siempre lo ves todo con buenos ojos, pero es tremendo que para entrar en cualquier portal, establecimiento, medio de transporte… Sea «el sistema» el que decida si te da acceso o no. El que el acceso a la educación, a la historia, ¡al arte! Esté restringido. * Abuelo, no exageres eh, que bien que tenemos que aprender cosas en las clases.

– Anda niño, no digas tonterías. Esos vídeos que os obligan a ver de influencers no son clases ni son nada. A la clase ibas y un profesor que había estudiado para ello, mejor o peor te enseñaba cosas, y compartías tiempo con otros niños y aprendías valores que ahora no sois capaces ni de concebir. Además, a lo mejor a tus padres les engañas, pero yo sé de sobra como apruebas los exámenes. * No…no sé lo que quieres decir… – ¡Claro que lo sabes! No me tomes por bobo.

Se supone que la generación de tus padres era la nativa digital, esa que iba a saber manejar todo y no sabían hacer la O con un canuto, pero yo, antes de que nacieran ya me pasaba las noches depurando sistemas operativos en tiempo real, crackeando aplicaciones, hackeando servidores… Madre mía fijaros que caras ¡ni siquiera sabéis de lo que os hablo! * Es que abuelo, la mitad de las palabras que usas no las entendemos, y siempre estás con los mismos rollos

+ Di que no, abuelo, a mi me gustan tus historias. Cuéntanos más, ¿cómo era entonces? – Sí, obviemos los exámenes de tu hermano. Hubo muchos «entonces», las cosas cambiaban tan rápido… El mejor momento fue a principios de siglo. Todavía podías hacer lo que quisieras, encontrar cualquier tipo de conocimiento en la red, y os digo cualquiera; y podías opinar de todo e informarte en medios de todo el mundo con información veraz, porque los medios se dedicaban a informar.

Todo iba muy deprisa, y cuando nos dimos cuenta estaba todo plagado de noticias falsas promovidas por bots. Y los sitios de opinión que antes eran propiedad de la gente y cualquiera podía tener uno en su casa, habían pasado a ser propiedad de empresas, y si decías algo que no les gustaba sus bots te censuraban… * Tú sigue diciendo esas cosas y luego te quejarás de que «el sistema» no te deje entrar en el metro. – Bah, ya soy demasiado viejo para preocuparme por él.

Cómo si me encierra en casa, vale la pena si consigo que cuando llegue el momento recordéis algunas de mis palabras. Porque llegará, ya lo creo que llegará. * Uuuuuh, que viene el monstruo. + No te preocupes abuelito, que yo las recordaré todas. – Ya lo sé niña, ya lo sé. Ojalá pudiera dejaros algo más que viejas palabras.

Desconectados

En ese momento la renta vital daba para poco más que un cubículo, una conexión y un sistema de alimentación y desechos. Por eso había gente que se pasaba todo el tiempo conectados, no tenían dinero para más, así que toda su vida se vivía en el ciberespacio donde, aunque no todo, aún quedaban muchas cosas gratis.

La tecnología no había evolucionado como se esperaba, no se había alcanzado la tan esperada y temida singularidad en Inteligencia Artificial, pero sí que se había logrado automatizar muchos trabajos, sobre todo los menos vitales, esos que cada vez que había una pandemia (algo muy habitual en las últimas décadas) podían quedarse en casa. Los que inicialmente eran abogados, arquitectos, jueces, funcionarios… Todos los que habían conformado la clase media se habían quedado sin trabajo los primeros. Nadie lo había visto venir….

Tras una introducción al nuevo mundo por una casualidad un policía descubre que hay personas que están muriendo pero sus avatares siguen funcionando e interaccionando y se pone q investigar pensando que una mafia los revende pero «plot twist» es una singularidad que ha tomado consciencia de si misma y ha determinado que esas personas con una existencia tan fútil no aportan nada ni son felices. El policía intenta acabar con la IA, pero está «plot twist» encuentra el modo de portarse al cerebro de todos los usuarios del cyberespacio de tal modo que aunque desconecten los servidores puede volver a tomar forma cuando les vuelven a conectar.

Acuáticos

Quizá no fue un sorprendente descubrimiento averiguar que muchos de los avistamientos ovnis no eran cosa de extraterrestres, pero desde luego lo fue saber que eran terrestres, subacuáticos para ser más exactos.

Cuando se presentaron a los terrestres ya manejaban varias de las lenguas de estos, y a si mismos se denominaron acuáticos por distinción con los terrestres, aunque los terrestres los solían llamar «escamosos» a sus espaldas.

Siendo ellos conscientes de lo peligrosos que eran los terrestres, que siempre andaban en guerras entre unos y otros, y cualquier amenaza por mínima que fuera les hacía disparar antes de preguntar. Así que esperaron a ser tecnológicamente muy superiores antes de presentarse.

Siempre se habían mantenido ocultos, pero ya no podían seguir así, los mares se estaban calentando y la monitorización de las comunicaciones mostraban que una amplia mayoría seguía sin abrir los ojos ante lo que le estaban haciendo al planeta. Era ahora o nunca.

A Simple Battle

It was supposed to be a battle of the utmost simplicity. It was just another one of the scenarios prepared for the maneuvers that the General had insisted on organizing to showcase the new technology and for the satisfaction of the high command.

It occupied four quadrants, a mountainous one to the west of an (abandoned, of course) city, a plain to the south with some wooded areas but without any places to hide. A perfect place to demonstrate how effective invisibility technology could be in combat. Anyone without such technology would be fortunate to take two steps without getting shredded.

Any enemy in the city would be watching the mountains from the watchtowers, while I could lead my armored unit through the southern plain without much concern.

Everything was going smoothly until we reached the middle of the plain, where any refuge was equally far away.

In a place like this, we could move quickly, and exposure wasn’t a problem. Only some state-of-the-art mines could pose a threat, and it wouldn’t have been worth it for anyone to mine that wasteland.

Suddenly, Boom! An explosion shook my vehicle. I quickly started requesting reports to find out what the heck had happened, but the radio was a mess, so I climbed out of the turret to get an idea of what had occurred. Tennessee’s tank, the Rolling Stone, was in flames, completely destroyed.

I quickly gave orders for the rest to disperse in an open formation while trying to get information from the command. Johnny was shouting that we needed to do something for them; he was young and unable to grasp that Tennessee and the others were already dead, and we would be soon if we didn’t do what we had to… «It must have had an engine failure!» Poor kid, despite peeking over my shoulder, he hadn’t noticed the rocket impact on the right side; that hadn’t been an accident.

– General, we have live fire, what the heck is going on?

– Brrt brrrrrt

– General Mason, this is Chameleon Leader. The Rolling Stone has been hit by what appears to be a ground missile with live ammunition. I request information and instructions. It’s like run through the jungle without vision of the enemy.

All my boys were racing as fast as their tank engines would go while the radio remained silent… Boom! That started everybody up.

– The Wild Side has fallen! – several reports said, this time more organized, over the radio.

I swallowed hard as my brain verbalized what I had to do. We were fortunate of stay alive yet.

– This is the commander, we’ve lost communication with command, and it’s clear that there’s some kind of enemy that can see us despite our invisibility. Switch to live fire and pound anything that moves out there. If any of you are near one of the wooded formations, abandon the tank and take cover; the rest activate White Rabbit mode, maybe they can’t see us or at least shoot us underground. Good luck, guys; I don’t know who we’re up against, but we’re at war, and it paints black.