Desconectados

En ese momento la renta vital daba para poco más que un cubículo, una conexión y un sistema de alimentación y desechos. Por eso había gente que se pasaba todo el tiempo conectados, no tenían dinero para más, así que toda su vida se vivía en el ciberespacio donde, aunque no todo, aún quedaban muchas cosas gratis.

La tecnología no había evolucionado como se esperaba, no se había alcanzado la tan esperada y temida singularidad en Inteligencia Artificial, pero sí que se había logrado automatizar muchos trabajos, sobre todo los menos vitales, esos que cada vez que había una pandemia (algo muy habitual en las últimas décadas) podían quedarse en casa. Los que inicialmente eran abogados, arquitectos, jueces, funcionarios… Todos los que habían conformado la clase media se habían quedado sin trabajo los primeros. Nadie lo había visto venir….

Tras una introducción al nuevo mundo por una casualidad un policía descubre que hay personas que están muriendo pero sus avatares siguen funcionando e interaccionando y se pone q investigar pensando que una mafia los revende pero «plot twist» es una singularidad que ha tomado consciencia de si misma y ha determinado que esas personas con una existencia tan fútil no aportan nada ni son felices. El policía intenta acabar con la IA, pero está «plot twist» encuentra el modo de portarse al cerebro de todos los usuarios del cyberespacio de tal modo que aunque desconecten los servidores puede volver a tomar forma cuando les vuelven a conectar.

Acuáticos

Quizá no fue un sorprendente descubrimiento averiguar que muchos de los avistamientos ovnis no eran cosa de extraterrestres, pero desde luego lo fue saber que eran terrestres, subacuáticos para ser más exactos.

Cuando se presentaron a los terrestres ya manejaban varias de las lenguas de estos, y a si mismos se denominaron acuáticos por distinción con los terrestres, aunque los terrestres los solían llamar «escamosos» a sus espaldas.

Siendo ellos conscientes de lo peligrosos que eran los terrestres, que siempre andaban en guerras entre unos y otros, y cualquier amenaza por mínima que fuera les hacía disparar antes de preguntar. Así que esperaron a ser tecnológicamente muy superiores antes de presentarse.

Siempre se habían mantenido ocultos, pero ya no podían seguir así, los mares se estaban calentando y la monitorización de las comunicaciones mostraban que una amplia mayoría seguía sin abrir los ojos ante lo que le estaban haciendo al planeta. Era ahora o nunca.

A Simple Battle

It was supposed to be a battle of the utmost simplicity. It was just another one of the scenarios prepared for the maneuvers that the General had insisted on organizing to showcase the new technology and for the satisfaction of the high command.

It occupied four quadrants, a mountainous one to the west of an (abandoned, of course) city, a plain to the south with some wooded areas but without any places to hide. A perfect place to demonstrate how effective invisibility technology could be in combat. Anyone without such technology would be fortunate to take two steps without getting shredded.

Any enemy in the city would be watching the mountains from the watchtowers, while I could lead my armored unit through the southern plain without much concern.

Everything was going smoothly until we reached the middle of the plain, where any refuge was equally far away.

In a place like this, we could move quickly, and exposure wasn’t a problem. Only some state-of-the-art mines could pose a threat, and it wouldn’t have been worth it for anyone to mine that wasteland.

Suddenly, Boom! An explosion shook my vehicle. I quickly started requesting reports to find out what the heck had happened, but the radio was a mess, so I climbed out of the turret to get an idea of what had occurred. Tennessee’s tank, the Rolling Stone, was in flames, completely destroyed.

I quickly gave orders for the rest to disperse in an open formation while trying to get information from the command. Johnny was shouting that we needed to do something for them; he was young and unable to grasp that Tennessee and the others were already dead, and we would be soon if we didn’t do what we had to… «It must have had an engine failure!» Poor kid, despite peeking over my shoulder, he hadn’t noticed the rocket impact on the right side; that hadn’t been an accident.

– General, we have live fire, what the heck is going on?

– Brrt brrrrrt

– General Mason, this is Chameleon Leader. The Rolling Stone has been hit by what appears to be a ground missile with live ammunition. I request information and instructions. It’s like run through the jungle without vision of the enemy.

All my boys were racing as fast as their tank engines would go while the radio remained silent… Boom! That started everybody up.

– The Wild Side has fallen! – several reports said, this time more organized, over the radio.

I swallowed hard as my brain verbalized what I had to do. We were fortunate of stay alive yet.

– This is the commander, we’ve lost communication with command, and it’s clear that there’s some kind of enemy that can see us despite our invisibility. Switch to live fire and pound anything that moves out there. If any of you are near one of the wooded formations, abandon the tank and take cover; the rest activate White Rabbit mode, maybe they can’t see us or at least shoot us underground. Good luck, guys; I don’t know who we’re up against, but we’re at war, and it paints black.

Incendia el mundo

A veces nos venden la idea de que para cambiar el mundo hay que ser un político de primera fila, un millonario filántropo o un genio visionario con sede en Silicon Valley. Pues no. A veces basta con una persona corriente, con sus rarezas y sus contradicciones, que se planta y hace lo que cree justo.

Mira si no a José María Arrizmendiarreta. Chemari para los amigos, supondremos. Un cura. Sí, un cura. Yo, ateo y apóstata, fijándome en un cura, porque ni todos los ateos son buenos, ni todos los curas son pederastas.

Chemari estaba estudiando para sacerdote cuando estalló la Guerra Civil. Y en vez de bendecir fusiles, se alistó con los republicanos para defender a su gente. Luego vino el desastre, el PNV pactando su rendición en Santoña, los franquistas rompiendo la palabra dada y Chemari detenido. Algunos dicen que lo sentenciaron a muerte, otros que no… El caso es que se libró.

Tras la guerra, terminó de estudiar y lo enviaron a Mondragón. Año 41, posguerra dura, fábricas humeando, paro, hambre y un pueblo entero intentando sobrevivir. Allí, en medio del gris, Chemari se puso manos a la obra. Fundó escuelas para aprendices e ingenieros, tejió asociaciones, sembró ideas. Y de esas aulas salió un grupo de chavales que en 1956, con su apoyo y empuje, montaron Talleres ULGOR.

¿Que no te suena ULGOR? Espera. Esa fue la primera cooperativa de lo que hoy es el Grupo Mondragón: la mayor cooperativa industrial del mundo, más de 70.000 trabajadores-socios, donde el sueldo más alto no puede ser más de 10 veces el más bajo, y buena parte de los beneficios se reinvierten en la comunidad. Eroski, Kutxa, Fagor… sí, esa Fagor que igual está grabada en el microondas de tu cocina y que no es más que la marca que registraron los coperativistas de ULGOR.

Todo eso empezó porque un cura, al que por poco fusilan, decidió que otro modo de hacer las cosas era posible. Y no se quedó en decirlo: lo hizo.

La moraleja es clara: lo poco que hagas hoy, aunque parezca ridículo, puede ser un terremoto dentro de unos años. El mundo no lo cambian los superhéroes de película, sino las pequeñas acciones repetidas con cabezonería.

Así que deja de esperar al momento perfecto. Siembra ahora. Lo que plantes hoy puede ser, mañana, una revolución.

Babel, o la necesidad de la violencia – R. F. Kuang

Babel, con ese subtítulo tan sugerente es un libro perfectamente redondo, que recomendaría a cualquier persona a la que le guste la fantasía y a cualquier persona a la que no le guste la fantasía.

La historia gira en torno a un grupo de chicos jóvenes (17-20 años) que entran en un instituto de Oxford que se dedica a la traducción y a la explotación de la magia que esconden las palabras.

El sistema de magia es muy sencillo, se basa en el grabado en plata de palabras y su traducción de tal modo que se desata la parte del significado que se pierde en la traducción. Por eso es un libro apto, también, para los ajenos a la fantasía ya que el sistema se asimila sin mayor dificultad.

En torno a esta «pequeñez» se plantea toda la geopolítica global, tratando en el libro temas tan serios como el imperialismo o la esclavitud sin rebajarlos ni tratarlos con frivolidad.

La historia tiene claros puntos de inflexión, que coincidirán con los cambios radicales que se producen en ese grupo de amigos, quienes se verán forzados a afrontar la realidad del mundo y a decidir qué camino desean tomar. De fondo, quedará siempre la eterna diatriba: violencia sí o violencia no. Y el lector, al igual que los jóvenes estudiantes, deberá elegir si es necesaria o si está justificada.

Como decía, el libro es redondo y acaba de un modo sublime. ¿Daría pie a una secuela? Por supuesto, pero… ¿qué necesidad hay?

186 palabras

Eso era toda la información que podía mandar a la Tierra dada la situación del transmisor. 186 palabras pueden ser muy pocas para resumir una vida, para mandar unos “te quiero” y explicar por qué se había llegado a esta situación. Sin embargo, la vida parecía insignificante tan cerca de la muerte ¿qué había hecho que mereciera rememorarse? ¿Y los “te quiero”? ¿No llegaban un poco tarde si no los había dicho nunca antes? Desde luego, tardarían tanto que sería como si nunca los hubiera dicho.

Así que el comandante se ciñó a lo profesional, y para eso, con 186 palabras era más que suficiente: hemos entrado en el campo gravitacional del agujero negro que estábamos estudiando y no hay manera de sacar esta mole de nave de la atracción que nos arrastra. Nuestro tiempo a empezado a ralentizarse con respecto al de la Tierra, así que para cuando les llegue este mensaje quizá estén todos muertos, nosotros viviremos los próximos cinco minutos como una eternidad, incluso puede que veamos al “sol nova” tragarse a la Tierra. Suerte y no la caguen como nosotros.

El tormento de Schrödinger

Esta mañana, mientras debatía con mi psicóloga, me he visto explicando el principio de indeterminación de Heisenberg y la paradoja del gato de Schrödinger. Dado que estaba con la mente en otro asunto y no estaba preparado para hacer ese cambio de tema (y aún así lo hice), me he quedado con la sensación de haberlo hecho mal… fatal, de hecho. Así que vengo a este paño de lágrimas que es mi blog a resarcirme para no darle más la turra a la pobre, que bastante me tiene que aguantar 🙂

El gato de Schrödinger es un experimento teórico que propuso Erwin Schrödinger para ridiculizar la interpretación predominante de la mecánica cuántica, según la cual una partícula puede estar en dos estados a la vez de forma simultánea.

En este experimento se plantea que hay un gato encerrado dentro de una caja metálica sellada. En su interior, hay un mecanismo con un veneno que se activa —o no— dependiendo de si un átomo radiactivo se descompone o no. Según la teoría cuántica, hasta que no se observe, el átomo puede considerarse descompuesto y no descompuesto al mismo tiempo, manteniéndose en ambos estados simultáneamente. Para Schrödinger, esto era una locura, y por eso propuso este experimento, que lleva a la paradoja de que el gato estaría vivo y muerto a la vez hasta que se abra la caja y se observe el estado del átomo.

Dado que resulta evidente que ningún ser vivo puede estar vivo y muerto a la vez, Schrödinger pretendía ridiculizar esa interpretación. Sin embargo, con el tiempo se ha demostrado que la teoría es correcta, y su experimento, lejos de ser una refutación, ha ayudado a explicar cómo funciona la mecánica cuántica y cómo las partículas subatómicas pueden mantenerse en dos estados a la vez hasta que son observadas, momento en el cual se define uno de los dos.

Esta naturaleza incierta de las partículas se relaciona también con el principio de indeterminación de Heisenberg (el de Breaking Bad), que establece que no es posible conocer con precisión al mismo tiempo la posición y la velocidad (o cantidad de movimiento) de una partícula como un electrón. Cuanto más precisamente se conoce una de estas variables, más incierta se vuelve la otra. Este principio no es una limitación tecnológica, sino una propiedad fundamental del mundo cuántico.

Otro concepto esencial es el «spin», una propiedad cuántica intrínseca de partículas como los electrones, que no tiene un equivalente directo en el mundo clásico, aunque a veces se lo imagine como una especie de giro. El spin puede adoptar dos estados (por ejemplo, «arriba» o «abajo», o «izquierda» y «derecha»), y en la computación cuántica se aprovecha esta dualidad, junto con la superposición y el entrelazamiento cuántico, para crear bits cuánticos o qubits. A diferencia de los bits clásicos, que sólo pueden ser 0 o 1, los qubits pueden estar en una superposición de ambos estados a la vez, lo que permite realizar ciertos tipos de cálculos de forma mucho más eficiente que en un ordenador tradicional.

Aunque este ejercicio se use ahora para un fin completamente contrario al que se planteó, y probablemente haga que Erwin se remueva un poco en su tumba, no hay que quitarle merito al tipo, que era un absoluto crack. Baste decir, que el ejercicio se lo propuso al mismísimo Einstein en la correspondencia que mantenían para debatir ideas.

Erwin Schrödinger fue austriaco, y sobrevivió a las dos guerras mundiales. Por si eso fuera poco, recibió el premio Nobel por desarrollar una ecuación que lleva su nombre (ecuación de Schrödinger), ahí es nada. Lo del gato puede que le pese, pero ha estar tremendamente orgulloso de sus logros y aportes a la física.

* Imagen de la Quinta Conferencia Solvay (1927) obtenida de la Wikipedia. Schrödinger está en el centro de la fila de atrás con abrigo gris.